El proyecto se realizó en 7 comunidades rurales de Pampa del Indio, una localidad ubicada casi en el límite con Formosa y a 215 km al noroeste de la capital provincial, Resistencia. El programa abarcó casi 500 viviendas habitadas por 2400 personas, en su mayoría, miembros de la comunidad Qom.

El trabajo articulado de los científicos y del personal de servicios de salud y municipales con las comunidades de un municipio de Chaco posibilitó bajar a 1% la cantidad de viviendas infestadas por la vinchuca (Triatoma infestans), el principal insecto vector de la enfermedad de Chagas.

“Nuestros resultados corroboran el potencial de la vigilancia basada en el trabajo con la comunidad a la vez que muestran la necesidad de potenciar las capacidades locales, incluyendo la participación protagónica de los agentes sanitarios, las escuelas y otros líderes comunitarios”, afirmó la primera autora del estudio, la doctora María Sol Gaspe, investigadora del Laboratorio de Eco-Epidemiología liderado por el doctor Ricardo Gürtler, que depende de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN) de la UBA, y el Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires (IEGEBA-CONICET).

Gaspe destacó que el programa permitió la “cuasi-eliminación” del insecto vector y, en consecuencia, suprimió el riesgo de transmisión vectorial del Trypanosoma cruzi, parásito causante de la enfermedad de Chagas.

El estudio se inició en 2008. Los científicos y los técnicos de los Programas Provincial y Nacional de Chagas buscaron vinchucas en cada una de las estructuras de las viviendas, incluyendo desde dormitorios y cocinas hasta depósitos y gallineros. Para que los insectos salieran de sus refugios, aplicaron un aerosol irritante, y rociaron las viviendas con insecticidas piretroides.

A lo largo de los siete años del estudio se repitieron los censos entomológicos. Los científicos analizaron las vinchucas colectadas para determinar su especie, estadio, sexo y grado de resistencia a los insecticidas. Asimismo, se estableció un sistema de vigilancia para que los pobladores notificaran al sistema de salud local sobre la eventual presencia del vector en sus viviendas.

Según reconoció Gaspe, los muy bajos niveles de infestación al final del programa se debieron a los efectos de las intervenciones con insecticida combinados con el frecuente traslado de los hogares. Este proceso implicaba en la mayoría de los casos la destrucción y reconstrucción de sus viviendas precarias, en el contexto social vulnerable de las poblaciones indígenas. “Esto afecta directamente a las poblaciones de vinchucas al modificar la disponibilidad de refugio y fuentes de alimento”, señaló.

“Ciertos procesos como la movilidad de los hogares y el mejoramiento de las viviendas representan desafíos adicionales para los programas tradicionales de control en áreas endémicas. Esto significa que resulta imprescindible considerar los aspectos sociodemográficos y culturales al momento de diseñar e implementar este tipo de intervenciones para lograr resultados sostenibles”, indicó Gaspe.