Con paso acelerado, Mario busca una oficina para charlar tranquilos. Como buen viajero, conoce a la perfección el mapa de ruta. Su inquietud natural hace que apure más los pies para llegar al lugar indicado para hacer la entrevista. Una vez allí, hace un alto en el camino y se relaja. “El viajero” es Mario Markic, conductor de “En el camino”, un programa de viajes que se emite por TN desde hace 15 años y del cual acaba de lanza su colección de dvds, en el que Markic cuenta historias argentinas atrapantes, narradas en torno de un imaginario fogón, como en las primitivas tradiciones del relato oral. “Me imaginé el programa como cuando el cacique contaba historias a su pueblo en los fogones con la idea de que eso quedara y que dejara sentido de pertenencia”, dice Mario. Su sentido de pertenencia fue, por mucho tiempo, el trabajo en revistas. “Siempre influyó la gráfica. Hay algunos que luego de haber nacido en la gráfica, y pasar allí una larga experiencia, se pasan a la televisión. Es muy raro que ocurra eso. Por lo general, sobre todo en las nuevas generaciones, los que empiezan en televisión siguen en ella para siempre. A los que están en la radio les ocurre lo mismo porque allí, prácticamente, no se escribe. El lugar donde se puede hacer cierto alarde de la escritura, es todavía la televisión y determinados nichos dentro de ella, como el género documental o las notas que hago para Telenoche, que son especiales porque son evocativas, efemérides. Son notas muy complejas de armar. La gráfica te aporta las palabras. La televisión necesita muchas veces determinado auxilio y, no hay muchos periodistas que trabajen el tema de hacer notas especiales o de largo aliento en televisión.” En esas horas de cierres apretados y frenesí de tinta y papel, nació el programa. “En el camino” nace cuando yo trabajaba para revistas. Yo tenía muchas apetencias, mucha curiosidad, quería conocer el país y el mundo. Cuando terminé mis estudios busqué un lugar para trabajar en el que haya que viajar constantemente, y entré a la revista Gente. Empecé a viajar mucho para hacer historias de vida en lugares remotos, y tan remotos eran que yo me doy cuenta que si algún día llegara a trabajar en televisión, voy directamente a contar, no el final de la historia, sino todo el recorrido, porque notaba que llegar a un lugar me costaba mucho al igual que un viaje de aventura. Y me dije que si algún día llegara a trabajar en televisión, iba a hacer eso. “En el camino” debe su nombre al libro del mismo nombre, un libro de carretera -excelente- de los años 50. Me gustó tanto que tomé prestado el nombre. También tomé muchas cosas de esas apetencias que yo tenía de viajar porque de chico escuchaba programas de deporte, de carreras automovilísticas que iban por caminos muy exóticos del norte del país. Los caminos tienen magia. Lo que quise hacer en televisión lo logré cuando un verano el gerente de Telenoche me dijo: “Mario, andá a los lugares que quieras, para hacer notas de color”. Era justo lo que yo quería.

Historias.  
Una vez más, Mario cambia de posición en la silla. Parece que no encontrara un único lugar donde estar quieto por algunos segundos. Esa inquietud que lo arrojó en el camino lo hizo entender la letra de Lito Nebbia, Sólo se trata de vivir, esa de que “viajando se fortalece el corazón”. “Volvés modificado de los viajes. Mi primera nota fue una inundación en Chaco y Formosa, haciendo rescate con Gendarmería. Había un poblador que no quería abandonar su casa a pesar de que el agua llegaba hasta el techo. Porque es el mismo río el que le provee de alimentos y le brinda un placer estético en los atardeceres y amaneceres. Y seguramente se había enamorado de una mujer junto al río. Entonces, tenían una conexión muy fuerte con el río y no lo quería abandonar. Todas esas cosas acerca de la psicología de cada personaje te lo enseña la experiencia. Siempre fui muy curioso. La pasión y la curiosidad gobiernan el oficio del periodista”.
-¿Qué fuiste descubriendo con el correr del programa?
-Fui descubriendo que iba atrás de las historias. Uno puede hacer un programa con un sesgo turístico, o indirectamente un programa que pueda resultar atractivo, que pareciera turístico. Yo no lo hago, pero a veces sale así. Yo voy atrás de las historias de vida. Me imaginé el programa como cuando el cacique contaba historias a su pueblo en los fogones, con la idea de que eso quedara y que dejara sentido de pertenencia. Noto que hay un punto de conexión en el relato, en esa vieja y tribal costumbre del ser humano de contar historias por las noches alrededor del fogón. La otra, es el concepto de viaje, que me permite la dinámica de no aburrir. Al contar, al viajar, no aburro, no estoy quieto y la historia va en progreso, y uno quiere saber el final. El viaje forma parte del principio de este oficio. El programa se asienta en la vieja tradición de contar historias, que es prácticamente tribal en el ser humano, y la vieja costumbre del viaje, la inquietud. En esas dos patas, se asienta la génesis de “En el camino”. El desafío es tratar de contar cosas donde no las hay. El programa es una mirada subjetiva, no creo que sea un documental. Lo que hago no es un documental, es un diario de viaje, donde por lo tanto se acepta la mirada subjetiva.
-¿Qué historias te sorprenden?
-Todas me sorprenden. Lo masivo y lo famoso conmigo no funciona bien. Sé que para los medios sí, es importante el target. Pero de eso estoy liberado, y hago las historias que a mí me gustan, y le pueden gustar tanto a un tipo de clase alta como a un señor que no tiene un peso. Rescato la emotividad porque se transmite. Hay un 50 por ciento asegurado de tu historia si es emotiva, pero no hay que confundir esto con ciertos golpes bajos que a veces se notan. Yo no los provoco, surgen naturalmente. Hay gente que se emociona porque nunca se imaginó que me iba a aparecer allí para que me cuente su historia. Cuentan historias que sólo ellos guardan y que de repente la cuentan para todos. Terminan muy emocionados, y yo muchas veces también.
-¿Utilizás alguna estrategia para que los entrevistados no se sientan incómodos frente a las cámaras?
-Entre comillas, uno tiene que lograr mimetizarse con el entorno y congraciarse con el personaje al punto de romper el caparazón que todos tienen al enfrentarse con extraños, sobre todo con un equipo de televisión, y sobre todo quienes son de Buenos Aires y llevan un ritmo más acelerado. Yo siempre trato de adecuarme a los tiempos de la gente en los lugares a los que visito. No me apuro, y fui aprendiendo giros, modismos, historias de lugares. No caigo en un plato volador sin investigar antes. Intento trabajar con la psicología del personaje, y éste a mí también me está estudiando. Lo que uno tiene que lograr, y que también lo da la experiencia, es mimetizarse con el lugar. La estrella es el personaje. Uno puede ganar cualquier Martín Fierro, pero lo gana con el personaje, porque brinda una buena historia, porque logra tomar la confianza y pudo atravesar la coraza que todos tenemos. Ahí está el secreto. 
-¿Por qué el relato de viaje sigue conservando su interés?
-Creo que hay pocos que cuentan historias, lamentablemente. En Estados Unidos hay mucho de esto. Yo lo fui aprendiendo del nuevo periodismo, de Hunter Thompson, de Tom Wolfe, personajes que hicieron cruces con la literatura y les salió fenomenal. Después, uno busca su propio sello. El programa “En el camino”, tiene un sesgo personal. Tiene una mirada subjetiva: lo hago yo, lo narro y lo vivo yo. Hay dos chicas que trabajan conmigo en la producción de las notas. Pero muchas de las historias salen espontáneamente en los viajes.