Barrick Gold contaminó la naciente de los ríos en las altas cumbres en San Juan, derramó tres veces millones de litros de agua cianurada, viola la ley de Glaciares al tener su mina Veladero sobre tierra protegida, tiene beneficios impositivos y jamás reconoció el daño ambiental que provoca, en este escenario ideal la empresa reportó un fuerte crecimiento económico producto de su trabajo en Veladero y de un proyecto minero en Chile.

Las ganancias de Barrick Gold treparon hasta las nubes este último trimestre gracias al paraguas de protección que el gobierno de San Juan y el Nacional le tienden a la empresa canadiense. El último derrame que ocasionó en marzo mantuvo a la mina con las actividades suspendidas, aunque sólo se trató de un circo mediático porque jamás detuvo su producción y continuó extrayendo oro y plata. El Juez de Jáchal, Pablo Ortija levantó la suspensión de la mina “por un pedido de la empresa”, sin hacer un relevamiento ocular de las supuestas mejoras que Barrick hizo en en el valle de lixiviación. Nadie sabe qué es lo que sucede en la mina. Llegar hasta Veladero es un viaje que puede llevar algunas horas y para el juez fue mejor leer un informe que dejar su lugar de comodidad e ir personalmente, como debe hacerse, a ver el estado de funcionamiento de la mina.

El oro no deja de salir del corazón de la montaña, donde las máquinas quiebran la roca día y noche. Amparada por la política y la justicia, Barrick Gold no hace más que ganar dinero. Desde su Sede central en Toronto informó que sus ganancias crecieron a US$ 261 millones, o 22 centavos por acción, desde US$ 158 millones o 14 centavos por acción entre abril y junio del 2016, impulsados por menores costos de extracción y mayores volúmenes de ventas de cobre y oro. Según la Agencia Thomson Reuters las ganancias netas hasta el 30 de junio crecieron hasta llegar a $1.080 millones de dólares.

Antes esta inmensa acumulación de riqueza, Barrick Gold sólo debió poner hasta ahora U$S 10 millones por el derrame que ocasionó en septiembre de 2015. Por los otros derrames de 2016 y 17 aún no ha puesto ni un solo peso, eso sólo demuestra una convivencia entre el Estado y la empresa canadiense. Ante este escenario, le es más beneficioso contaminar que remediar todo el daño que ha provocado. A 40 días de la ficticia suspensión, y a dos años de los tres derrames que vertieron metales pesados a los ríos y arroyos, la minería continua siendo una de las peores cargas para la naturaleza y la salud de los pueblos.