Pescar por todo el mundo es uno de las ilusiones de los aficionados a este deporte. Y uno de mis amigos que va lográndolo, poco a poco, es Mariano de la Rúa, con sus excursiones a los mares más espectaculares.
Meses atrás visitó el archipiélago ecuatoriano de las Galápagos, tan conocido por las tortugas, y, debido a los constantes cambios de clima y el tsunami que sufrieron la semana anterior, en lugar de dedicarse a pleno a los remisos marlines, destinaron más tiempo a la pesca de atunes aleta amarilla, amberjack, pargos, raibow runners, wahoos, y un sinfín de especies que solo pueden capturarse en este archipiélago.

INOLVIDABLES. El primer día la pesca de atunes de aleta amarilla con jigs fue inmediata, con varios ejemplares de 8 a 20 kilos, que se magnifican gracias a los equipos livianos usados: cañas Trevala TC4 y reeles Stella, Stradic y Saragoza y jigs Butterfly de 60 a 150 gramos Long, Short y Side, todo material de Shimano.
Mientras buscaban los atunes, haciendo trolling capturaron muchas otras especies, como trevallies, bonitos, wahoos, pargos cola amarilla, amberjack y viejas de mar.
Al día siguiente salieron dos horas antes del puerto (5.00), pues la corriente para pescar marlines se encontraba a casi setenta millas. No bien llegaron, luego de tres horas de navegación, tuvieron el primer pique del día. En Galápagos, la pesca de esta especie se realiza mayoritariamente con artificiales en lugar de carnada natural como los ballyhoo: es mucho más deportivo pero, al mismo tiempo, se pierden muchos más piques. Por caso, ese día tuvieron nueve acciones fuertes, y solo un ejemplar llevado a bordo y liberado.
El motivo por el cual se pesca de esta manera es muy sencillo: las posibilidades de que un marlín se muera pescando con señuelos es mínima y, como en las islas se cuida muchísimo a esta especie, prefieren perder piques a correr el riesgo de que alguno de ellos muera utilizando carnada natural.
Al otro día, para aprovechar más el tiempo, solo navegaron unas 26 millas (poco más de una hora) hasta unos bajos donde hay gran cantidad de especies de fondo y pelágicas para buscarlas con jig. A trolling, para tener un panorama de lo que podían encontrar en la zona, lograron un par de violentos piques de wahoos y atunes albacoras.
En pirking (golpeando el jig contra las piedras del fondo) obtuvieron un sinfín de especies, algunas de ellas totalmente desconocidas para Mariano y su gente, y muchas endémicas de las islas Galápagos.
Otra vez volvieron a dedicarle una jornada a los marlines con seis líneas a trolling. Luego de alrededor de una hora, un marlín rayado muy cerca del barco tomó un teaser que no lleva anzuelo, ya que solo se utiliza para atraerlos. Fue tan rápido que no dio tiempo a los marineros a poder recoger el teaser y acercarle un artificial para pescarlo.
Media hora más tarde, un buen ejemplar fue bien clavado por uno de los marineros. Cada aficionado tiene un turno para tomar la caña que tenga un pez clavado. Acercar a este marlín le llevó más de 45 minutos, agotando al máximo sus fuerzas. A solo dos metros del barco, con un cabezazo violento logró zafar del anzuelo, como otros cinco marlines durante ese mismo día.
El último día de pesca en San Cristóbal lo dedicaron exclusivamente al atún aleta amarilla, uno de los peces mas veloces del océano, en deep jigging y spinning con poppers. En lugar de salir con el barco a León Dormido, el capitán rumbeó al otro lado de la isla. En los primeros sitios no dieron con los atunes hasta que alrededor de la 13 llegaron a un lugar donde los vieron comiendo en superficie.
En el primer intento clavaron dos de los grandes (20 a 30 kg), indicio de lo que más tarde se convertiría en una de las mejores pescas con jigs que realizó Mariano en su larga vida de pescador, aunque aún es joven. En total esa tarde capturaron más de 25 monstruos, todos por encima de los 20 kilos. Me comentaba en su Mar del Plata, donde reside: “Es difícil explicar en palabras lo que es realizar una pesca de atunes aleta amarilla con equipos de jigs ultralivianos; creo que hay que vivir ese momento para saber exactamente lo que significa”.
El grupo supo interpretar muy bien lo que es la pesca en el exterior, ya que si uno se ata solo a la pesca de los marlines, y no sabe aprovechar las posibilidades que da un lugar como Galápagos para la pesca inshore de muchas de las especies que viven ahí, se encamina a un viaje sin el éxito esperado, dado que no siempre los grandes están dispuestos a comer: encasillarse en esa especie puede frustrar hasta al mejor pescador.
Destinos como este son apasionantes para pescadores con ambiciones más grandes que la media, ya que, aprovechando todas las modalidades de pesca, pueden gozar de una infinidad de especies que solo se encuentran en este paradisíaco archipiélago.