No parece casual que la gesta haya ocurrido en un mes destinado a guardar en la historia hechos memorables: el 27 de julio quedará, como otros hechos marcados en este mes, en la historia del deporte argentino, gracias a la cabeza, y sobre todo a los brazos, de Guillermo Bértola, el hombre que se metió en la historia del deporte gracias a una descomunal actuación en los 25 kilómetros de aguas abiertas disputados en el mundial de Barcelona.

Porque con un tiempo de 4h47m44s8c quedó a 17 segundos y 8 centésimas del ganador. Con esa marca logró un hecho histórico: colocarse él -y colocar al país- como el mejor nadador de la historia argentina en este tipo de prueba mundialista. El nadador argentino sumó este logro a otro: quedó décimo en los 10 kilómetros y hasta participó en los 5 kilómetros por equipo. Todo en una semana de competencia. 

“Estoy bastante contento con el resultado, pero bastante cansado también. En la segunda vuelta, me dieron un manotazo y perdí las lentes: quedé a un minuto de los primeros, por lo que tuve que empezar a nadar muy fuerte”, dijo el hombre, que se mostró feliz por el balance general de su labor en el mundial.

“El balance es muy positivo, sobre todo porque hace dos años en el Mundial de Shanghai, había quedado 13° en los 25, a casi cuatro minutos del primer lugar. Eso quiere decir que las cosas se están haciendo bien”.

Para dimensionar lo que hizo Bértola basta un número: después de él, el nadador que cruzó el arco del triunfo en Moll de la Fusta lo hizo más de un minuto más tarde, porque desde Guillermo para abajo, los nadadores corrieron otra carrera. Mientras el cordobés se ajustó al pelotón de punta, el resto miró la definición desde lejos. Bértola sabía que la distancia era corta para una carrera tan larga, dividida en diez vueltas de 2500 metros cada una.

Sin embargo, otra podría haber sido la suerte de Bértola si no le pasaba la desgracia de la vuelta dos de las diez que tenía la competencia. El cordobés se quedó sin sus lentes por un golpe que recibió al comienzo de la carrera. y perdió tiempo que debió recuperar rompiendo la armonía que implica una competencia de largo aliento como ésta de las aguas abiertas.  

“Por momentos fui primero, pero me encontré mal físicamente. Sentí mucho el desgaste de las otras pruebas. Le puse garra para estar entre los 10 primeros, que era el objetivo”, contó el hombre que sumó dos accidentes en tres competencias. Porque el lunes pasado, en los 10 km. sufrió la dolorosa ?picadura de una medusa. “Son cosas que pasan. Hay que estar preparado para eso a nivel físico y mental. Superar el estrés es clave”, dijo el nadador que será una de las apuestas argentinas para los próximos Juegos Olímpicos. ?“Esto me da mucha confianza para encarar Río 2016, ya que esa es la única prueba olímpica”, explicó.

El campeón fue el alemán Thomas Lurz. El germano es una estrella de la natación mundial: suma 25 podios internacionales entre mundiales, torneos europeos y Juegos Olímpicos. Pero el sábado debió esperar su momento. Un error de Spyridon Giannotis, oro en 10 km y plata en 5 km por equipos, se salteó una boya y cuando volvió para completarla, Lurz le había robado segundos preciosos. Ese error dejó lejos a Giannotis, que lideraba la prueba y puso a la vanguardia a Ryckeman y Drattcev, que no han conseguido aguantar el tirón final de Lurz.

En la misma prueba, el santafesino Martín Carrizo finalizó 25° con 5h01m43s01. Y hubo otro gran desempeño entre las mujeres gracias a los brazos de la rosarina Julia Arino, quien clasificó 15a. con 5h22m47 en los 25 kilómetros que ganó la italiana Martina Grimaldi con un tiempo de 5h07m17s07.