Por Leandro Vesco – Fuente: Gastón Partarrieu – Fotos: Sergio Natale

Parece nieve, y no es. Parece que fuera un espacio soñado, y sí lo es. Pocos lugares en nuestro país y el mundo pueden generar tanta fascinación como la aparición del sulfato sobre la orilla del Lago Epecuén, en Carhué, en el Sudoeste de la Provincia de Buenos Aires donde el donde el imán misterioso del horizonte pampeano nos invita a disfrutar de esta visión inolvidable.

El Lago Epecuén es una salina húmeda. Es el punto final de una cuenca de lagunas encadenadas sin salida, que recibe aportes tanto de esas lagunas aguas arriba o  de pequeños arroyos. Sin embargo, el aporte más importante de minerales es el dado por los surgentes que los arrastran desde las profundidades de la tierra.

Esta condición milenaria fue almacenando en su lecho millones y millones de toneladas de minerales, en especial sales. Dependiendo de los ciclos hídricos, estos minerales o se diluían o se precipitaban conformando costras de cristales o “manto de sal” como se lo conocía popularmente.  Durante los años ochenta hasta los años 2000 ese proceso natural fue roto por la mano del hombre que introdujo enormes volúmenes de agua dulce. 

Pese a los contantes aportes subterráneos de sales, en época estival el sulfato de sodio esta disuelto y en equilibrio en la laguna. Pero cuando llega el frío intenso y en especial las heladas pampeanas, la temperatura del agua de la costa baja rápidamente haciendo que se precipite el exceso de sal disuelta, pero en forma de cristales. El viento y el oleaje producido expulsa dichos cristales a la costa, brindando uno de los paisajes más extraños y bellos que tiene la Provincia de Buenos Aires.

Estos cristales de sulfato de sodio se pueden ver y tocar. Caminar sobre ellos es una experiencia que involucra todos nuestros sentidos, el aire huele a mar y encanto, la sal refleja la luz solar  provocando un escenario níveo en plena pampa. Las aguas de la laguna, segunda en el mundo luego del Mar Muerto por salinidad (380 gramos por litro), con virtudes medicinales inigualables, han forjado una fama mundial al Epecuén.

En Carhué es posible disfrutar de baños termales con agua del lago que provocan un efecto sedativo inmediato. Sin salir de este mundo, es posible estar en otro, con la sola contemplación de esta nieve salada y de los intensos y surreales tonos que el agua presenta a cada momento del día. Ver un atardecer allí transforma el significado que teníamos de incríble.

Más información: www.termasdecarhue.gov.ar