Los ojos del niño brillan ante la diversidad de juguetes postrados en las vitrinas. Apoya su frente y las pequeñas manos en el vidrio, y no aparta su mirada de los juguetes con los que tanto ansía jugar. Su madre, pegada al niño, parece viajar en el tiempo y recordar cuando jugaba con todas sus muñecas junto a sus amigas. Es que cuando se adentra en el Museo del Juguete, que se inauguró recientemente en San Isidro, provincia de Buenos Aires, los más grandes se emocionan al recordar cuando se entretenían con ellos, y los más chicos se maravillan por sus más preciados amigos.
El Museo del Juguete nació por iniciativa de un grupo de vecinos de San Isidro que quedaron impresionados con una muestra que realizó el médico y artista plástico Jorge Meijide hace algunos años sobre juguetes gigantes populares, que fue el puntapié inicial que motivó la realización del museo. Los coleccionistas Ricardo y Liliana Olivera Wells aportaron la mayor parte de la colección, que se completó con juguetes de otros colaboradores. “La idea es darle a la muestra un sentido más contemporáneo. No es un museo de coleccionistas ni para mostrar juguetes antiguos, sino un museo interactivo. El desafío que tenemos es que sea un espacio tanto para los grandes como para los chicos”, dice Daniela Pelegrinelli, directora artística y curadora del museo.
El museo está ubicado en una simpática casa ubicada a 500 metros cuadrados cubiertos dentro del Parque Arenaza, en el partido bonaerense de San Isidro. Allí funcionaba un instituto de menores, que luego el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación cedió el predio a la municipalidad de San Isidro. Más de 1.500 chicos por día visitaron el museo durante estas vacaciones de invierno. Lo primero que llama la atención es el orden del lugar. La sala de bienvenida da indicios de que se trata de un lugar alegre que invita a divertirse.

Jugar con nada/jugar con todo. En esta sala se exhiben juegos de calle y de vereda. La primera vitrina muestra un divertido zanco, en el que el equilibrio es la cualidad fundamental para poder disfrutar de ellos, que además de un juguete, tuvieron un fin práctico, ya que se usaban para atravesar zonas pantanosas. También hay aros, teléfonos de hilo, pelota de cuero, trompo de helicoide, sogas de saltar; todos originarios del siglo XX. En la misma vitrina hay una billarda, que se trata de un juego de precisión y que se caracteriza por la importancia de un pequeño taco, que a veces termina en punta, y del que se toma su nombre para este ejercicio. Su denominación se debe al palo o taco con el que se juega y que puede acabar en punta.
Hay una pista rítmica, que es una tapa de metal, con un botón, goma e hilo, es un juguete casero que genera sonido cuando tirando del hilo anudado, el botón percute en la chapa. En otro sector, hay un bolero de bola con tachuelas de madera pulida, que los chicos de principio de siglo las robaban de los carros para adornar sus baleros. También hay figuritas, que se coleccionaban, se cambiaban o se competía con ellas. Entre los juegos más conocidos estaba la “tapadita”, el “espejito”, el “chupe”, y el “punto y choque”. Las mujeres jugaban escondiendo una figurita entre las páginas de un libro, y se la ganaba quien lo abría al azar y encontraba la figurita. Las que tenían brillantina eran las más deseadas.
Construir/destruir. Esta sala hace referencia a los juegos y juguetes para armar y otros de guerra. Entre los bélicos, se aprecian tanques de guerra de chapa esmaltada de 1950, sables de caballería de 1950, soldados y una ametralladora antiaérea con trípode de metal esmaltado de 1957, escopetas y revólveres de 1950 y 1960; soldados varios de diversos materiales fabricados por Mambrú. En otro sector, hay variadas muñecas de 1930 hasta 1968, en su mayoría, hechas con pasta y ojos de vidrio. Entre las más representativas, está la muñeca Mariquita Pérez, de pasta, ideada por Leonor Coello, de Portugal, en 1938. Celebridades como Eva Perón, y la princesa de Mónaco Grace Kelly, cayeron hechizadas por la muñeca, y supieron tener varias de ellas. La muñeca Marilú, la más popular construida en el país en la década del 40, también resalta en las vitrinas de esta sala. Era muy moderna para la época, con producidos detalles en sus facciones. Se podía elegir con pelo artificial o una con pelo natural, todo una novedad en la industria juguetera del país. Además, hay toda clase de juegos de construcción: ladrillos, cubos, y los clásicos Rastri plásticos hechos en el país en 1970.

El universo/mi casa. Este sector del museo ofrece entretenimientos para quedarse jugando en el hogar. Los chicos que pasan por este lugar, se quedan unos cuantos minutos contemplando la gran cantidad de rodados de todas las épocas. Colectivo de plomo esmaltado de 1955, tren aerodinámico Retiro hecho de hojalata de 1944, tren Patagonia, aviones, cohetes, explorador planetario, y naves. En la misma sala, las chicas se deleitan con los accesorios de la legendaria y blonda Barbie, creada en 1959 por Ruth Handler, esposa de Elliot Handler, cofundador de la empresa Mattel, y que lleva el nombre de su hija. La marca incluye varias muñecas y accesorios de su colección. Una máquina de coser de madera y metal de 1957, un tocadisco de plástico de 1956, una tabla de planchar de 1970, y una cocina alemana de los años 20, completan la vitrina.

Trabajar/descansar. Esta última sala muestra vehículos de trabajo, herramientas y los clásicos juegos de mesa como el Estanciero, lanzado en 1937, un juego donde gana quien es capaz de comprar más campos, y el Ludo Matic. También hay un billar fútbol rápido, de madera y metal con resorte, y los “volatiempos”: se llaman así a los juegos de habilidad y paciencia, estos forman parte de una serie de 24 volatiempos creados por el mago y fabricante de juguetes Alex Mire, en la década de 1950. En este sector, se destaca el Cerebro Mágico, hecho con cartón en 1945, fue por varias décadas el preferido de los chicos.