El baile de las aves, los distintos tonos de verde de los árboles, el color de las flores y el perfume de los pistilos que contempla todas las mañanas en el jardín de su casa de Vicente López, son la fuente de inspiración que le aporta el toque distintivo de sus obras. A esa naturaleza en estado puro y al alcance del pincel, María Paula Caradonti (32 años) le echa la culpa de su técnica de pintura. La artista -y la mujer- mantienen una fuerte relación con la naturaleza. Se nota en el color de su ropa, pero es más visible aún en sus cuadros, donde parece apropiarse de ella para encerrarla en un marco, para insertarse en un mundo bombardeado por la belleza de lo natural, esa que, jura, le brinda “serenidad e inspiración”.
-¿Cuándo empezaste a pintar?
-Mi madre se está mudando y mientras tanto aprovecho para desarmar mi cuarto de la niñez, así que me estoy trayendo cuadros desde hace más de 20 años. No podía creer cuando me encontré con uno de esos cuadros firmados y con el marco barnizado. Hace ya muchos años que pinto. Estudié en la escuela de Bellas Artes cuando terminé la secundaria, pero siempre hice distintos talleres para aprender diferentes técnicas. Estuve un año viviendo en Italia, y a mi vuelta a Buenos Aires, comencé a exponer en el país y en el exterior. No hubo ninguna influencia en mi familia por la que yo me volcara a dibujar. Hay contadores, ingenieros, ama de casa, pero nadie dedicado a la pintura.
-¿Con qué materiales hiciste esos primeros dibujos?
-Arranqué con acuarelas y témperas. Dibujaba constantemente y mis padres al notar que me gustaba mucho el dibujo, me incentivaron para que me anote en los talleres. Con el tiempo conocí a Adrián Lirman, mi marido y quien fue mi profesor. Sólo duré un mes en su taller, después no me podía cobrar más. Es un gran sostén y me ayudó mucho para que yo encontrara mi camino en la pintura.

El jardín del edén.

Algunos pájaros que juegan de rama en rama, el viento silbando entre las hojas de los árboles, el pasto cortado, la lluvia cayendo sentenciosa sobre esa alfombra o el sol haciendo más verde cada verde. Un colibrí coloreando el aire a velocidad luz. Las patitas de una calandria buscando comida, un benteveo en busca de ramas para su nido. En el fondo de la casa de María está el comienzo de todo. “Me gusta exagerar la belleza, meterme dentro de ella. Mi taller da a un jardín que me brinda serenidad y me inspira. De allí saco mucho material para trabajar. En mis obras abundan las flores y los pájaros, y me gusta crear un diálogo entre ambos, una comunión. Cuando colgué mi última muestra (en el shopping Recoleta Mall) el día estaba radiante, había mucha luz, y unas libélulas que volaban por el salón se posaron en el cuadro sobre las flores dibujadas. Fue muy loco. Me encantó. Estoy pasando un momento mágico con mi familia y disfruto del jardín de mi casa, y ese estado de ánimo creado por el entorno se refleja en las obras.” 
-¿Qué técnicas utiliza actualmente?
-Hice mucho textil, pintura, collage, barnices industriales, telas vinílicas, y en los últimos años trabajé sobre todo en costuras, hacía cuadros con telas. Ahora estoy utilizando una técnica digital de impresión sobre black out. A través de capas, de fotos que saco de dibujos, bocetos y sombras que voy encontrando en el jardín de mi casa, las coloco en la computadora y las imprimo. Es una técnica que aún me resulta nueva. La empecé a utilizar hace 10 meses. Estoy haciendo las primeras muestras con esta técnica. Todo lo que venía haciendo antes era pintado y textil, pero los cuadros pintados me llevaban mucho más tiempo de trabajo. Soy muy obsesiva con el color, con las formas, y me llevaba mucho tiempo, además del cuidado de mis dos hijos. Estuve por abandonar la pintura por seis meses, pero cuando nació mi segundo hijo, vino con él la inspiración y no pude evitar el receso en la pintura, y así fue que comencé a trabajar en esta obra.
-¿Hacés series por temática?    
-Por lo general sí. Hago una serie completa, luego la expongo y arranco con otra cosa que casi siempre está conectada con lo que estuve haciendo anteriormente, pero suelo abrir y cerrar una serie. 
-¿Con qué técnica te sentís más segura?
-La pintura me fascina, pero necesito más tiempo y ahora no lo tengo. Lo que me ocurre, es que cuando estoy haciendo obras con la computadora o sacando fotos, siento lo mismo que cuando usaba el pincel. Cuando uno crea y está haciendo algo nuevo, hay una necesidad de exponerlo, y me ocurrió lo mismo cuando comencé con mi última serie donde no agarré ningún pincel, sentí la misma satisfacción que cuando pintaba. No extrañé la materia de pintar y preparar el color. Cuando elegía el color de la paleta en la computadora, sentía la misma emoción. Cuando comencé con esta serie no tenía la necesidad de pintar, hice algunas pruebas pintando y no me convencieron. Ahora me vinieron las ganas de imprimir y luego intervenirlo, hacer una técnica mixta. Creo que mi siguiente etapa va a ser imprimir pero con más intervención para que se note aún más la mano del artista.

La técnica y el entorno

Sensible como una flor del otoño, la artista se conmueve con los lugares, aunque la aplaste el smog de la ciudad. Cuando vivió en Once afloró su gusto por pintar en telas: charol, pana. En ese acto resume su mayor búsqueda. “Siento que cada vez que estoy dentro de una temática, esa es la gran obra, después termina y viene otra, y así voy sintiendo lo mismo en cada serie.” Lo que pasa después es algo que está por fuera de sus dominios. “Mis obras remiten a un día de campo o a los colores de la infancia. Tal vez la gente se identifique con eso, pero es difícil notar dónde le pega al espectador, por qué le gusta, quizás se conecta con una flor que estaba en la casa de su abuela o en la plaza, o simplemente le atrae el color y la forma. Hace poco una familia me compró un cuadro de una serie de estilo más abstracto, y me escribieron para contarme que lo habían colgado al revés, y me preguntaron si eso me molestaba. Me encantó que haya tomado el atrevimiento de colgarlo de esa manera porque les gustaba más. Lo fui a ver, y verdaderamente el cuadro quedaba muy original, me gustó la iniciativa.”
-La discusión es vieja como la pintura misma, ¿te parece que el arte figurativo compite con el abstracto?
-No. El arte no compite nunca entre sí; conviven las distintas técnicas. No sé cuánto tiempo voy a estar yo con esta técnica. A la gente le gusta. No siempre pinté naturaleza, hice también arte abstracto. Pero hoy me siento cómoda con esta técnica digital de impresión sobre blackout. La vida del artista es muy larga, voy a pintar toda la vida, y de acá a 10 años seguramente estaré haciendo algo muy distinto a lo que estoy haciendo ahora, pero no tengo la menor idea de lo que será. Eso me fascina de la vida de un artista. Hago lo que tengo ganas de hacer, y no lo que me piden que haga o lo que el mercado exige. Siempre fui y sigo siendo fiel a lo que tengo ganas de hacer. Y así lo hago.