Es una mañana perfecta en Esquina, Corrientes. Parece mentira, pero la camioneta debe frenar en medio de la ruta porque tres jinetes arrean una tropilla bloqueando el paso. Los jinetes correntinos son buscados en todo el país por su buena mano con los caballos y con la hacienda. Un par de minutos más tarde, se contempla a Sebastián Algorta (34) trabajar un caballo criollo en un picadero circular. Algorta es jinetazo y hace galopar al caballo para un lado y para el otro. Los movimientos del animal son rápidos y ágiles: cambia de manos sin esfuerzo; arranca a toda velocidad y frena haciendo un surco en el piso de arena. También gira sobre las patas en 360 grados. El olor a campo y la vista del río Corrientes desde el casco de la estancia son hipnóticos. La visita a la Cabaña San Ramón, de la firma La Loma S.A., es la excusa perfecta para repasar la vigencia de la raza criolla. La tentación es demasiado grande, y poco después, El Federal sube a una yegüita, ganadora de varias marchas, y al galope corto sale a buscar a la manada de yeguas lobunas, uno de los pelajes típicos de la raza.
La criolla es la raza de animales de pedigree con mayor cantidad de criadores en actividad (844) y la de mayor crecimiento en los últimos años. Si algo caracteriza al criollo, es su versatilidad y su amplia respuesta a distintas exigencias. Su rusticidad y aguante son marca registrada: “El caballo criollo es capaz de andar 30 leguas o sea 150 kilómetros, de sol a sol”, según el Vocabulario y Refranero Criollo de Tito Saubidet. En la actualidad, como un inteligente modelo de selección, los criadores montaron una batería de competencias funcionales destinadas a ir comprobando aptitudes de resistencia, mansedumbre, agilidad, potencia, velocidad, docilidad y entrega. El caballo criollo demuestra una capacidad deportiva de alta competencia. El criollo posee además una alta selección genética. El paso del tiempo determinó la necesidad de buscar un animal más liviano, con aptitudes casi exclusivas de silla, y por selección fueron apareciendo siluetas más largas, de mayor agilidad. La irrupción en el mercado del caballo de tiempo libre fue un enorme desafío para la raza. El criollo se transformó entonces en la herramienta ideal para toda la familia. Su ancestral mansedumbre y sus suaves aires de marcha hacen que lo disfruten los más chicos, como los más grandes. De hecho, muchos niños aprender a andar en un criollo. El caballo criollo es el caballo de todos, es el caballo nacional.

De sol a sol. De nuevo en la Cabaña San Ramón, Algorta y el cabañero José Alderete (31) arrean la manada de yeguas lobunas contra un alambrado. “Formen, formen”, les dicen casi sin levantar la voz. Y las yeguas obedecen parándose en fila, enseñando las cabezas para dejarse poner el freno, sin que los paisanos tengan que renegar para agarrarlas… Se decía que los correntinos tienen fama: ¡Son unos genios! Estos jinetes están entrenando duro porque pronto irán a Trenque Lauquen; se clasificaron para los cuartos de final de un concurso de paleteadas, que consisten en llevar un novillo derecho por unos 60 metros, apretado entre dos caballos. Los jinetes se lamentan por su compañero Diego Ramírez (30), quien sufrió una caída (su yeguarizo se acostaló) y se fracturó una pierna. Ahora se recupera enyesado. Paciencia, paisano, son cosas que pasan. Algorta compite además en marchas. La marcha es una prueba aeróbica de resistencia. Son carreras de más de 700 kilómetros divididas en etapas. El jinete usa un sólo caballo, en este caso usó una yegua, al que no se le da ningún tipo de ración especial. Durante la competencia los animales comen pasto del potrero, imitando las travesías de los gauchos. La A.C.C.C. (Asociación Criadores de Caballos Criollos) organiza la Marcha de Resistencia Joaquín Amadeo Lastra. El objetivo es llevar a distintos lugares del país una competencia de alto rendimiento para mostrar la rusticidad y recuperación característica de la raza. En los últimos años, más de doscientas personas participaron de esta experiencia. “En la cabaña buscamos un caballo funcional para el trabajo de campo. Tenemos muy buena sangre marchera y también paletera”, comenta Algorta. Cuenta que la última marcha perdió frente a un pingazo de la Cabaña La República. “Pero yo había ganado las tres anteriores”. Algorta habla como si la rivalidad fuera la de un clásico futbolero, y es que así se vive la competencia. “La República trabaja muy bien en todas las líneas… Son una cabaña de punta”, confiesa.

Raiz campera. En el país, este año se han inscripto 5.466 ejemplares, según el departamento de Registros Genealógicos de la SRA. Se han importado 15 machos y 36 hembras y nacieron 2.676 machos y 2.739 hembras. La Rural de Palermo es “La Catedral” de los caballos criollos, constituye la muestra más importante de la genética del Criollo en nuestro país. 150 reproductores de primerísimo nivel colman las instalaciones del mítico Pabellón 8, superando con su sola presencia a todas las demás razas equinas sumadas. Como referencia, en el remate de 2011, participaron 144 caballos. Allí se vendieron un total de 53 ejemplares, 23 machos y 19 hembras. Las ventas totales de machos fue de $434.440, el promedio de $36.261 y el precio máximo $156.000. En cuanto a las hembras, las ventas totales fueron de $530.000, el promedio alcanzó $27.961, y el precio máximo fue de $72.000.
Otro evento destacado es la Expo FICCC (Federación Internacional de Criadores de Caballos Criollos), que reúne a criadores de Brasil, Uruguay, Paraguay, Argentina y Chile. Brasil es uno de los jugadores más fuertes del mundo. Recientemente, se ha rematado allí un padrillo criollo en un millón de dólares. “El freno de oro” es una competencia originaria de Brasil que evalúa morfología (características físicas del ejemplar, es decir su aspecto), junto a destrezas deportivas de riendas y pruebas con hacienda.
“Los deportes fueron fundamentales para la difusión de la raza criolla. Hay que aclarar que estos tienen sentido por nuestra historia y por la raíz en los trabajos del campo”, explica Luis Bustos (h), jinete y encargado de la espectacular Escuadra de Arte Ecuestre Argentino, días antes de viajar a Sevilla, a una de las exposiciones de caballos más importantes de Europa (ver recuadro). En definitiva, las competencias criollas abarcan pruebas de rodeos, de rienda, competencia de aparte y la rigurosa marcha anual. Miles de entusiastas participan de las Jornadas Clasificatorias, buscando acercarse a la fiesta máxima del criollo: las Finales de los Campeonatos Nacionales de las distintas disciplinas que culminan en la Exposición de Otoño de cada año. Este evento, organizado por la ACCC en La Rural de Palermo, tiene lugar dentro de la mega-exposición “Nuestros Caballos”.

En la guerra y la paz. Luis Bustos (h) es un jinetazo y enamorado de los caballos. Acaba de terminar una demostración con la Escuadra y se lo ve contento. “Para el indio y el gaucho el caballo fue el elemento irreemplazable para desplazarse, guerrear y trabajar. Para el indio el caballo era todo: usaba los cueros para hacer sus hogares (toldos) y comía su carne fresca, que era casi su único alimento. En la guerra, los indios se hicieron casi imbatibles por la movilidad, velocidad y resistencia de los caballos. Ellos practicaron una selección funcional importante; aquellos que no poseían coraje para el combate y buena rienda, fueron consumidos”.
Los “yafu” eran los caballos para la guerra. Se seleccionaban y entrenaban con sumo rigor para soportar la fatiga, la sed y el hambre. A los “yafu” se les daba tanto valor que las familias que poseían uno o dos de estos ejemplares eran respetadas y valoradas en sumo grado; hasta recibían una parte más grande del botín de los malones. El indio del desierto sudamericano no usó arco y flecha sobre el caballo como los pieles rojas de Norteamérica. El adoptó la lanza y las boleadoras. A las boleadoras las empleó con maestría, al igual que el gaucho, para la caza, el trabajo y la guerra.
Don Emilio presentó a la Sociedad Rural Argentina las pautas que debían regir la raza Criolla y logró demostrar desde su cabaña los resultados benéficos de orientar la selección según la capacidad para los trajines de la estancia y de la guerra. “Seleccionar la raza criolla por medio del trabajo funcional es contribuir a la defensa económica y militar de la Nación”, había dicho. En 1922 logró la aprobación oficial de un modelo de caballo que hasta entonces había sido rechazado por quienes querían imponer características de las razas europeas y otras pautas dentro de la raza Criolla.
Don Emilio Solanet nace en 1887. Solanet es conocido en el mundo como el padre de la raza criolla. Vivió entre “El Cardal”, la estancia de la familia en la que criaban caballos y hacienda, Ayacucho y Buenos Aires. Fue un estudioso e investigador, escribió trabajos, dio conferencias y fue profesor universitario.
Este gran viajero, llegó a conocer muy bien la provincia de Chubut, a la que viajaba para comprar hacienda para su estancia. Allí observa que los caballos que se usaban tenían una gran rusticidad. En 1912, junto a un amigo, realiza una cabalgata desde la provincia de Chubut hasta la de Buenos Aires. Resereando, trajeron arreando un lote de caballos comprados a un cacique. La idea de Solanet era recuperar las cualidades genéticas de estos animales cuyo origen era el viejo caballo español. Es que con el tiempo habían cambiado por cruzas con otras razas europeas. Después de años de trabajo en su cabaña, presentó a la Sociedad Rural Argentina las pautas que debían regir la raza Criolla. Solanet decía: “Seleccionar la raza criolla por medio del trabajo funcional es contribuir a la defensa económica y militar de la Nación”. En 1922, Solanet logró la aprobación oficial de un modelo de caballo que hasta entonces había sido rechazado por quienes querían imponer características de las razas europeas y otras pautas dentro de la raza criolla.
Hoy, el caballo Criollo sigue vivito y coleando. Basta verlo trabajar en el campo con hacienda o en los espectaculares concursos deportivos. Además, es un orgullo nacional. Es hora de ensillar y salir al tranquito abajo de la avenida de eucaliptos.