La solidaridad es una herramienta social que cuando se practica produce un efecto contagioso. En Bahía Blanca un panadero decidió practicarla y sus vecinos se lo agradecen: todos los días tiene un excedente de pan que no vende, y que deja en una canasta en la puerta de su local para que todo aquel que no tenga dinero para comprar este vital alimento, pueda tomar algunas piezas.

Esteban Bruna representa a una estirpe de panaderos que no abundan en estos días, pero que en los pueblos del interior del país son moneda corriente: el pan, tan necesario para la mesa de los argentinos, muchas veces es regalado o entregado con yapa. Bruna entendió que la realidad económica se ha vuelto complicada para muchos, por eso decidió ofrecer un servicio solidario: entregar el pan que no vende y que antes lo usaba para hacer pan rallado para que los que no puedan pagarlo, puedan servirse en la puerta de su comercio.

Nuestros clientes también colaboran. Me da mucha felicidad“, declaro a la agencia Infogei. “Estas pequeñas cosas que no pasan por el dinero, te dan muchísima felicidad” Esteban, que de la noche a la mañana se ha convertido en un personaje solicitado en Bahía Blanca, explica con simpleza sus cuentas: “Me sobra un 25 % del pan. En vez de rallarlo lo pongo adentro del canasto de mi bicicleta para que lo agarren”

El efecto solidario, que se alimenta de sensibilidad y de buenas intenciones, tuvo su efecto contagioso, y es el propio Esteban quien lo cuenta: “El otro día una señora compró media docena de facturas para dejarla en el canastito” El pan en la calle, gratis, es alimento, pero además de eso, es un producto simbólico para los argentinos. “La gente siempre nos agradece. Me emociona una nena que pasa siempre con la mamá. La chiquita entra para saludarme antes de pedirme llevarse una tira”, contó.

Hay buenos gestos y hay de los otros, de los que no se entienden. Algunas personas no tienen el gen solidario o les cuesta más entender la necesidad ajena. “De vez en cuando se lo lleva alguien que no lo necesita y que debería dar el ejemplo colaborando de la misma manera que nosotros. Algunos se llevan 10 tiras que seguro después no comen”.

“Una vez llegó un auto de alta gama, paró en doble fila, se bajó un hombre y agarró varias tiras. Esas cosas te sorprenden”, explica Esteban aunque estas acciones lo alientan a seguir adelante en su idea de poder ser útil para el barrio que le permite vivir de su trabajo.