En la Patagonia, el nogal es una especie inducida por los primeros colonos llegados al Valle Inferior del río Negro a fines del siglo XVIII y principio del siglo XIX. Se afianzó como cultivo comercial en la región del Alto Valle a principio del siglo XX, aunque su desarrollo fue lento y con escasa innovación tecnológica. Pero ahora todo cambió. En la Media Luna, el campo familiar que los Gordon tienen en Choele Choel, buscaron alternativas que les permitan tener sustentabilidad, pues las peras y las manzanas, típicos frutos cultivados en la región patagónica, resultaban muy complicadas para la comercialización.
“Atarse a un árbol no es fácil, no es como la horticultura o el maíz que a los cuatro meses decís no hago más y cortaste. Dentro de esa búsqueda, le metimos mucha energía a los frutos secos, por eso nos dedicamos a los nogales”, justifica la decisión Diego Gordon, camino al vivero que condensa 30 mil árboles de la variedad Chandler, y en menor medida la Franquette, para ser trasplantados. Están regados por goteo, algo que hace mover bastante la aguja de la economía, ya que el costo es de u$s 3.500 por hectárea. “Tener sustentabilidad no es sólo pensar en rentabilidad, sino diseñar un esquema que pueda mantenerse en el tiempo. Al riego por goteo hay que sumarle el terreno, la cortinas de alamedas que les colocamos para mitigar el efecto nocivo del viento, que son u$s 2.000 por hectárea. Implantar un cultivo cuesta aproximadamente entre u$s 17 y 19 mil dólares, partiendo de un suelo virgen que haya que desmontar”, aclara Gordon frente a las plantas aun sin el porte globoso y ramificado que se descubren en su madurez.

SIN CASCARA. En Río Negro y Neuquén, hay mil hectáreas de plantación de nogales distribuidas en tercios en los tres Valles: Alto, Medio e Inferior. Por estos momentos, en el Valle Medio la mayoría están en plena producción, El nogal no es frutal más, es un planta muy delicada. Sus cuidados son muchos: el manejo del riego, la calidad del suelo y la altura de la napa freática son cosas a tener muy en cuenta, así como también una buena fertilización. En Choele Choel podan las plantas para ir formándolas para que empiece a producir a partir del cuarto año. Al cabo de nueve años se podrán cosechar alrededor de 4.500 kilos de nueces con cáscara por hectárea. Cuando la planta está lograda y es grande, es indestructible, pero no es así en su primer desarrollo. Si el suelo es regular o malo es muy probable que la planta fracase. Las nueces del Valle Medio tiene buen aspecto externo e interno, la pulpa o la mariposa es clara, características que demanda el mercado internacional.

El INTI y el INTA del Alto Valle están en pleno estudio sobre las cualidades de la nuez patagónica para compararlas con las de Mendoza, La Rioja y Catamarca, pero también con nueces de otros países. Por lo pronto la nuez patagónica ha encontrado en Italia a uno de los países más interesados en comprar este apetecible fruto.

CASCANUECES. A medida que probamos distintas variedades nueces, nos vamos encontrando con frutos de características diferentes entre sí. ¿A qué le tenemos que prestar atención? En primer lugar el tamaño, el aspecto de su cáscara, al soldadura de valvas y la facilidad de extracción de sus mariposas: el interior comestible. En segundo lugar, el color y en tercer lugar el gusto. La madurez del fruto, cuando el capote se abre y la semilla alcanza su desarrollo pleno, se concentra en 30-45 días para todas las variedades. El gusto está regido por los azúcares, la astringencia y el amargor. La conservación es otro paso al que habrá que prestarle mucha atención, el clima seco de la Patagonia permite a la planta llegar a la cosecha en estado óptimo.
En la Patagonia sueñan con un cambio de paradigmas con la incorporación de las nueces al consumo diario, pero también reconocen los límites. “Las nueces no pueden ocupar el mismo nicho que ocupan las manzanas y las peras, por una cuestión de calidad de suelos. fundamentalmente por las zonas que hoy ocupan las manzanas y las peras. Las manzanas y las peras pueden ser cultivadas en suelos de mediana calidad con napas freáticas que oscilan entre un metro y medio y ochenta centímetros y eso no es posible para el cultivo del nogal. El nogal debe tener de un metro y medio para abajo, sino crece mal. Y la mayor parte del Alto Valle está con napas medias altas. Pueden reemplazarse parcialmente en algunas superficies, pero en otras no. Por eso queremos desarrollar suelos nuevos en zonas de mesetas, ya no en el Valle, donde el agua está más arriba. Lo que soñamos es que la superficie se incremente, pero explorando nuevas áreas. Y cuando hablo de nuevas áreas, no hablo específicamente de Río Negro, hablo del país, Buenos Aires es un gigante dormido que cuando produzca frutos secos puede ser muy bueno”, aclara Gordon.

LA NUEZ IDEAL. La variedad de nogal ideal, según G. H. McGanahan y C. A. Leslie, investigadores de la Universidad de California, es aquella que ejecuta su brotación tardía para escapar de las heladas y de las lluvias; la precoz, que puede producir rendimientos de 500 kg/Ha en el cuarto año; que vegetativamente sea vigorosa, con producción de frutos terminal y lateral; cáscara relativamente delgada, bien sellada y con no más del 50% del rendimiento de pulpa; nueces de categoría grande a muy grande; pulpa o mariposa extra-clara, de 7 a 8 gramos de peso con fácil extracción. “Nuestra filosofía no es sólo dar una planta. Es participar del desarrollo y hacer las cosas como corresponde. Es preferible hacer menos o hacer de a poco pero hacerlo bien. Son cultivos que llevan un proceso largo, hacer la planta solamente lleva tres años, después hay que ver si se adapta y los cambios son muy lentos. No hay que buscar malos ejemplos, hay que estar atentos para no fracasar”, concluye Gordon.