Qué noche, mi amiga, ¿pudo dormir?
-La lluvia sobre la chapa acanalada adormece, pero los truenos sobresaltan y ponen los pelos de punta.
-Si le agregamos algunos rayos, digamos que
la noche fue movida.
-Allá en el tiempo, señora, creíamos en el cuento que estaban baldeando el cielo como si fuera un gran patio y que los truenos eran los baldes que en el trajín se caían. Hoy, a la distancia, me remito a aquel tiempo y trato de buscar abrigo y conciliar el sueño junto a la niña que atesoraba cuentos.
-Nos manejaban con historias de duendes y algunos hasta eran un poco truculentos.
-Ni se nos ocurría espiar hacia el patio.                                                                                                   Todo era murmullos sosegados por chistidos, y era el tiempo de cunas y muñecas.
-Cómo los frena ahora, Doña Potola, cuando, al oprimir una tecla, buscan en la computadora y  le destruyen el mito de la solapa, del bombero y del viejo de la bolsa.
-Tiene razón, mi amiga, yo recordaba simplemente.
-Pero no han descartado todos los atavismos de aquellos tiempos, son unos pícaros.
-¿A qué se refiere, doña?
-Entiendo que no se compren el sapo que están baldeando el cielo, pero por qué llegan con cara de que el mundo se viene abajo si no hay tortas fritas o buñuelos cuando llueve.
-Es algo que también ya podrían pasar por alto.
-Qué puedo decir yo -reclamó Prosperina, acercándose con la bandeja, bien provista- con la lluvia que invita a que la contemplen buena parte de la mañana.
-Cuánto hacía que no teníamos una lluvia generosa y lenta, de esas que penetran y la tierra se encarga de guardar.
-Parece un telar colgando sobre el parque, invitando a tejer mil fantasías.
-Bueno, bueno, voló la pluma y abrevó en el cielo, doña.
-Señora, prefiero volar en poesía y no tener que entrar en el melodrama que nos están ofreciendo para justificar los  gruesos errores de gestión. 
 -Puede ser que la Presidenta esté sensible por su operación, pero no puede ser que crea que ella sola ha perdido un ser querido. La muerte también anda entre nosotros sembrando ausencias que  muchas veces no son naturales.
-Todos debemos asumir nuestras responsabilidades y el Ejecutivo es el máximo responsable por llevar adelante la gestión. No puede hablarme  enojada y decirme  que le llevó tres años poder sacar la tarjeta Sube. Si es así, algo  muy grande está fallando y los que no le hacen caso  no son los que toman los trenes, precisamente.
-No leyó nada la señora de un tal Jaime que era el funcionario encargado de controlar el buen funcionamiento de los trenes, y era el que  entregaba los cheques de los subsidios y  se paseaba en un jet privado.
 -Mi amiga,  es un secreto a voces la cadena de la vergonzosa corruptela que culminó trágicamente en el andén de la estación de Once. Eso no se tapa con llanto ni con amenazas de perseguir  a los culpables. ¿Vio cómo los perros que empiezan a dar vueltas terminan mordiéndose la cola?
-Mejor miremos el cielo y en  comunión con las familias que perdieron a un ser querido en la tragedia, les enviamos nuestras sentidas condolencias.
-Si Dios quiere, nos encontramos en cualquier camino.