En agosto del año pasado media provincia de Buenos Aires quedó bajo agua. Fueron treinta mil afectados los que tuvieron que padecer la crecida del Salado, y del Lujan, entre otros ríos. A pesar de que las lluvias fueron muy fuertes, los especialistas aseguran que si los humedales hubiesen estado en condiciones ecológicas, el efecto hubiese sido menor. Los emprendimientos inmobiliarios que se hicieron cerca de ríos resultaron perjudiciales para el medio ambiente.

La urbanización no se ha ejecutado en armonía con el medio ambiente y un gran porcentaje de los humedales bonaerenses ha sido ocupado por la construcción de barrios, lo que implicó el relleno de áreas que actuaban como “esponjas” y de ese modo se afectó el normal desarrollo de estos ecosistemas. Algo que se agrava en la provincia de Buenos Aires debido a la ausencia de pendientes, que impide el rápido escurrimiento de las aguas.

Es por eso que una de las medidas más estratégicas debería ser la protección de estos humedales que, entre varios de sus servicios al ecosistema se encuentra la amortiguación de los excedentes hídricos.

El término humedales se refiere a una amplia variedad de hábitats interiores, costeros y marinos que comparten ciertas características. Generalmente se los identifica como áreas que se inundan temporariamente, donde el agua subterránea aflora en la superficie o en suelos de baja permeabilidad cubiertos por agua poco profunda. Todos los humedales comparten una propiedad primordial: el agua juega un rol fundamental en la determinación de su estructura y funciones ecológicas.

Los humedales se encuentran entre los ecosistemas más productivos del planeta, ayudan a mitigar inundaciones, retienen sedimentos, sustancias tóxicas y nutrientes, poseen una alta biodiversidad, controlan la erosión, almacenan carbono, proveen servicios de transporte y de recreación y son una fuente importante de alimento.

Nuestro país cuenta con aproximadamente 600.000 mil kilómetros cuadrados de humedales, lo que representa el 21% del territorio nacional. Un gran porcentaje de ellos se encuentran en tierra bonaerense donde se destacan la Cuenca del Río Riachuelo, el Delta Paranaense, el Río de la Plata, el Río Salado, la Laguna de Chascomús, la Bahía Samborombón, la Laguna de Los Padres, la Albufera Mar Chiquita, la Cuenca de Chasicó, el Río Luján, la Selva Marginal Punta Lara, los Montes Ribereños ubicados en el Delta del Río Santiago, entre otros.

Al ser consultado sobre esta temática Rubén Quintana, presidente de la Fundación Humedales e investigador en el Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental de la UNSAM, manifestó que “en los humedales de los ríos Paraná o Luján, el avance de los endicamientos es de los problemas más graves. No es solamente por la superficie, sino por cómo están dispuestos. Si uno ve una imagen satelital de la cuenca del Luján, la alta cuenca no tiene tanto desarrollo urbano, se concentra mucho en la parte baja, la parte final, en Escobar, Maschwitz… ahí se forma un tapón”.

“El río tiene su cauce y una llanura de inundación. Cuando hay crecientes, el agua derrama sobre la llanura de inundación, que es donde están los humedales y son esos ecosistemas los que cumplen un papel de amortiguación o regulación de estos excedentes hídricos. Los barrios privados, básicamente en el Luján avanzan sobre las planicies de inundación para lo cual elevan la cota del terreno para evitar que las urbanizaciones se inunden. Esas intervenciones constituyen barreras que impiden que el agua penetre en zonas donde antes se derramaba. Al verse impedido su ingreso, el agua busca su camino y muchas veces termina agravando la inundación en áreas que generalmente coinciden con los lugares en donde se encuentra asentada la población más vulnerable”, describió Quintana.

Los especialistas consideran que es importante incorporar a nuestro ordenamiento jurídico una Ley de presupuestos mínimos para la conservación, protección y uso racional y sostenible de estos ecosistemas. La aprobación de esta norma contribuiría a poner en valor los humedales y sería un instrumento que ayudaría a planificar las actividades en zonas inundables, de modo de evitar o mitigar los posibles daños. Sin embargo, las presiones de los desarrollos inmobiliarios juegan un papel contraproducente en esta situación.