Por Horacio Ortíz

Si alguien dijera que a Jorge Riva se le ocurrió bucear en la pintura, se podría pensar que está hablando en sentido figurado. Sin embargo, la iniciación en el arte pictórico, a este hombre nacido en la ciudad bonaerense de Castelli, le llegó cerca de los cuarenta años y luego de que, en paralelo con su actividad de técnico en informática, incursionara con pasión en el buceo.
Aficionado desde niño a la natación, Riva también es buzo táctico desde hace 8 años. Y un día tuvo la inquietud acerca de cuál sería la sensación de hacer dibujos sumergido, dentro de ese medio que a él lo transportaba y que buscaba con ansiedad varias veces al año, cada vez que se lo permitía su actividad laboral.
Ahí comenzaron los ensayos. Como por razones de distancia, él mar no está siempre al alcance de este pintor -radicado en la zona oeste de la Ciudad de Buenos Aires-, eligió el fondo de la pileta de un club para comenzar a desarrollar una técnica que “inventé a la fuerza y por necesidad”.
Antes de pintar, Riva, durante sus incursiones, tomaba fotografías subacuáticas que en algún momento dejaron de conformarlo. Fue entonces cuando empezó a imaginar de qué manera podría retratar aquellas imágenes, imprimiéndoles  también sus sensaciones. “Hace varios años viajé a San Andrés y se me ocurrió esa idea de pintar bajo el agua. La comenté con muy poca gente, pero debido a sus reacciones tan similares opté por no mencionarla más”, dice el pintor risueñamente. “Fui avanzando en paralelo con las dos cosas: con la averiguación de si se podía pintar bajo el agua y con la idea de demostrar, y hasta demostrarme a mí mismo, que  tenía aptitud para eso. Después de probar con diversas pinturas llegué a la conclusión de que era el óleo lo que más resultaba para este tipo de expresión y para la forma en que iba a realizarlo”.

Viaje al mundo subacuático. “Por una norma que me he impuesto yo mismo, lo que comienza bajo el agua termina bajo el agua y no hay dos secciones. Me tomo entre 40 y 50 minutos con cada trabajo. Bajo con mis cosas y empiezo a recorrer alguna formación de arrecifes. Donde siento algún tipo de llamado me pongo a trabajar”.
Según pudo rastrear Riva mucho después de haber puesto en marcha el proyecto, en España, Alfonso Cruz estaba trabajando de la misma manera inspirado en André Laban, un francés que supo tripular el barco del naturalista Jacques Cousteau, que fue el primer hombre en pintar bajo el agua.  “Aunque pregunté, me metí en Internet y busqué por cielo y tierra para ver si había alguien en el mundo que ya manejara esta técnica, para no recorrer el camino solo. Recién después de estar pintando me pude comunicar con Alfonso, que junto a mí es, según lo que pude saber, el único que hace pintura subacuática”.  
Pero como los artistas siempre encuentran pares, Riva halló a alguien con quien se complementará en las actividades subacuáticas. En México, trabaja un escultor inglés que ya ha reunido una obra muy importante en el Musa (Museo Subacuático de Arte), al que Riva asistirá en los próximos meses junto a fotógrafos de distintas partes del mundo, que tomarán imágenes de las obras para un libro. 
El mar de las Antillas, Puerto Madryn y unos cuantos paraísos lo tuvieron trabajando en el fondo de sus aguas, pero ahora Riva va por más, hacia un escenario más bravío como es el canal Beagle. “La idea es ir este año y hacer algo que me parece un gesto casi patriótico: pintar en el mar argentino.  He tomado contacto con el director del Museo Marítimo, que funciona en el edificio donde estaba la Cárcel de Ushuaia. Quisiera pintar y realizar una exposición en algún lugar público. Allí el clima es muy hostil y las condiciones del mar, a veces, o casi siempre, no permiten descender”, dice el pintor, entusiasmado con el desafío.      
Su estilo, según las críticas que ha recibido en algunas de las muestras realizadas, se acerca al impresionismo. Como lo muestran las imágenes fotográficas publicadas en www.aguaenelcielo.com, sus imágenes ofrecen una viva referencia de esa acuarela de colores vivos donde reina el azul profundo.
Sin embargo, más allá del reconocimiento que suele recibir a su llegada a un destino en el que va a realizar su arte -como en el caso de Aruba, donde fue escoltado hasta el fondo del mar por el ministro de Turismo, también buzo, que prefirió ver personalmente y compartir esa excéntrica experiencia-, Riva rescata las historias y sensaciones que ha vivido en solitario. Algunas, como aquella en la que se le acercaron tres cachorros de leones marinos, que, impulsados por la curiosidad, destruyeron sus elementos de pintura y la obra en curso. Inmóvil y oculto entre las rocas más cercanas para pasar inadvertido, el buzo observó aquella escena que culminó cuando uno de ellos le arrebató la cámara filmadora y la rompió a mordiscos. Igualmente, las imágenes quedaron en su memoria y en algún momento piensa eternizarlas en una de sus obras.
 “Es muy curioso lo que genera en la gente el hecho de enterarse que pinto bajo el agua. Al principio les brota una inquietud así como: ¿este hombre estará bien de la cabeza? Pero luego, cuando ven las obras y se enteran todo lo que hubo detrás de ellas, la reacción es otra”, dice y recuerda que tuvo que explicarle eso mismo a cada uno de los amigos a los que le confesó su plan artístico.
Su reciente viaje a Brasil no sólo le dio la posibilidad de crear un grupo de obras impregnadas del color inmaculado de ese  mar, sino también la posibilidad de estar acompañado por gente aficionada al buceo. Algunos momentos de su tiempo de trabajo los pasó junto a un barco hundido que modificó la escenografía típica del fondo del mar. 
Riva es, por sobre todo, un paisajista. Abraza con pasión esta expresión artística y no deja que pase un día sin pintar, esté o no cerca del agua. “A veces son los paisajes rurales de Castelli, la ciudad donde nací y donde suelo ir de tanto en tanto, y otros alguna imagen que tengo grabada y que siento necesidad de recrear en la soledad de mi taller”, confiesa.
El poeta Osiris Rodríguez Castillo escribió: “Hay un reino bajo el agua, un sauce me lo contó”.  Alguien no sólo lo descubrió, sino que también lo está pintando.