Fuente: INTA

La producción de ganado ovino y caprino es la principal actividad del norte y centro de Neuquén y ocupa a decenas de pequeños y medianos emprendedores. Desde hace 16 años, técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) apoyan a 370 crianceros de una cooperativa de Zapala que puso en marcha una planta semindustrial para hilar fibras especiales como el mohair, una estrategia de valor agregado en origen que les significa ganar nuevos mercados y multiplicar hasta diez veces el precio de la fibra hilada respecto de lo que obtienen por venderla sin procesamiento. “Poder aumentar el precio de la producción es incrementar el ingreso de las familias”, aseguró Alberto Gómez, integrante de la cooperativa que reúne a 15 organizaciones de base.

Asimismo, destacó la instalación de la planta semindustrial de hilado como una posibilidad real de agregado de valor para los crianceros de la región. “Tenemos un espacio para realizar el trabajo de clasificación, que generalmente se hace en el campo, y otras tareas vinculadas con el enfardado y el acopio”, acentuó Gómez. Las máquinas, financiadas por el Centro PYME de la Agencia de Desarrollo Económico de Neuquén, permiten el procesamiento de fibras animales denominadas MiniMills que incluye la clasificación, lavado, cardado e hilado del pelo. Entre las fibras que se trabajan, se encuentran cashmere, mohair, pelo de guanaco y lanas Merino y Corriedale.

“Un kilo de pelo sucio de cabra, de alta calidad, vale entre 60 y 65 pesos, pero si se hila, puede venderse a entre 600 y 700 pesos, 10 veces más que el valor inicial de la fibra”, señaló Diego Sacchero, especialista en textiles del INTA Bariloche, quien además resaltó la importancia del procesamiento, ya que se generan subproductos con potencial comercial a lo largo de la cadena.

Se estima que la planta esté en pleno funcionamiento en los próximos meses con una capacidad de producción de 5.000 kilos de hilo por año. “A partir de fibras textiles obtenidas de ovinos, caprinos y camélidos se logran fieltros, cintas de carda e hilados puros y mezclas que podrán ser recuperados por los artesanos de la región para confeccionar prendas”, agregó Sacchero. Asimismo, destacó que la planta promueve el arraigo territorial, en tanto “crea empleo para los jóvenes que aprenden un oficio nuevo y no alejado del entorno rural”.

Por su parte, Rodrigo Navedo, técnico del INTA Zapala, describió que “la planta Minimills es un anhelo que ya viene de hace unos años y permite pensar en el agregado de valor a la fibra que el productor, históricamente, entregó sucia a las barracas”. En ese sentido, remarcó la necesidad de asociarse como una estrategia para lograr competitividad en la pequeña escala. “La unión entre los criadores permitió sumar volumen de fibra de calidad, afrontar el mercado y posicionarse de otra manera”, observó Navedo, al tiempo que ponderó el aporte del programa Cambio Rural II, implementado por el INTA y el Ministerio de Agricultura de la Nación, como una herramienta que promueve el asociativismo. “A través de Cambio Rural II, acompañamos el trabajo de los crianceros para que puedan acceder al mejoramiento genético y agregar valor a las fibras y cueros y lograr así productos con identidad territorial”, analizó Navedo. Este proceso también cuenta con el apoyo del Programa Federal de Apoyo al Desarrollo Rural –Profeder– que brinda asistencia técnica y capacitación a fin de fortalecer las economías regionales.