La Jueza María Antonela Panero Magnano ordenó además que se constate el uso adecuado de las instalaciones donde se encontraba el animal, como así también solicitó a Fiscalía que investigue el posible uso ilegal de canes para la actividad de caza.

“Es la creencia de esta Magistrada que los animales no deben ser considerados como cosas, o como ‘recursos’, sino como seres vivientes con potencialidad de ser sujetos de una vida”, expresó la magistrada que dictó el procesamiento.

El hecho investigado ocurrió el pasado 24 de febrero en Buena Esperanza y la Justicia resolvió ayer la denuncia formulada ante la Oficina de Recepción de Denuncias por una vecina de la localidad. De acuerdo al relato de la denunciante, al escuchar el llanto de los perros y al asomarse a lo de su vecino, vio cómo un hombre le pegaba a uno de los perros con una especie de látigo, lo filmó y acompaño la denuncia con esa prueba.

Según el acta de allanamiento, el lugar donde se encontraban los animales estaba sucio, el agua de los baldes en estado de descomposición y los perros estaban también sucios. En el patio trasero de la casa hallaron 5 perros que estaban al cuidado de Luna, pero que pertenecían a Facundo Daniel Ojeda, que estaba de vacaciones y había delegado el cuidado de sus mascotas al acusado.

Con estos elementos, Panero Magnano resolvió la situación procesal de Luna y ordenó que se investigue a Ojeda, propietario de los perros, ya que de las declaraciones incorporadas al expediente, se presume el posible uso de los perros para tareas de caza, actividad prohibida por la ley.

Al dictar la sentencia, la jueza consideró que “los animales sienten dolor y sufren igual que los seres humanos, es uno de los motivos por los cuales se han sustentado los diferentes movimientos a favor de sus derechos y al mismo tiempo la exigencia de darles un trato digno, desde la perspectiva humana, y evitar cualquier sufrimiento innecesario”.

La magistrada, recordó que el bien jurídico tutelado por la Ley Nº 14.346 es la vida e integridad física, emocional y psíquica de todos los Animales No Humanos. En ese sentido, concluyó: “si hablamos de derechos, no podemos disminuir ni restringir. La interpretación deberá ser siempre la más favorable al reconocimiento del derecho, al respeto de la garantía a la vida, la salud, libertad y dignidad, sin importar la especie”.