Figuras de cerámica diaguitas, cestería pilagá, joyería mapuche y tejidos kollas son algunas de las opciones para los regalos de Navidad que propone la Arte y Esperanza, una organización sin fines de lucro que desde hace 30 años compra y revende estos productos confeccionados por 36 comunidades de ocho pueblos originarios.

El valor de estos productos resulta accesible a los consumidores y “entre el 45 y el 55 por ciento del precio final le queda al artesano“, asegura el vicepresidente de la organización, Sebastián Homps y expresó: “Somos una ONG que se dedica a dar trabajo digno a las comunidades (de pueblos originarios) a través de la comercialización sin fines de lucro de sus artesanías, pero además los acompañamos en el diseño (de los productos) y con dos tiendas de venta, en ciudad de Buenos Aires y San Isidro“.

La idea es siempre que la organización actúe sólo como intermediario y apostando al productor, por eso no hay nada en consignación: al artesano se le compra en el momento y nosotros nos encargamos después de que esa artesanía sea vendible y que la gente los apoye“, dijo Homps a Télam.

Y la fórmula que encontraron para garantizar la salida de los productos que les adquieren a las comunidades es el acompañamiento durante el proceso de producción con cursos de capacitación, y la realización de talleres de sensibilización sobre la problemática indígena en colegios e instituciones.

“En general las comunidades, están en lista de espera para que nosotros logremos sumarlos a los productos con los que trabajamos. Una vez que forman parte del proyecto, se les entrega herramientas, se les da capacitación en diseño para mejorar el producto adaptándolo a lo que se vende pero sin que pierda su identidad y siempre elaborado con las materias primas tradicionales de cada etnia“, contó Homps.[/caption]

Pero el éxito del proyecto depende también de personas “conscientes, responsables y solidarias que reconozcan el verdadero valor de los productos que adquieren”.

Arte y esperanza nació en 1986, a partir de las visitas periódicas que, con fines asistencialistas un grupo de padres de un colegio católico comenzó a realizar periódicamente a comunidades wichi, pilagá y chané.