Lo que fue un hecho negativo, como lo es el cierre de su principal industria y fuente de trabajo, terminó generando un atractivo turístico. Pueblo Liebig llegó a ser uno de los pueblos más promisorios del país, tenía la segunda fábrica productora de carne más importante del mundo, solamente en el frigorífico trabajaban 3500 empleados. Hoy de todo aquello sólo quedaron ruinas y el recuerdo colectivo que hacen a la Identidad del pueblo, que ha generado interés turístico.

Pueblo Liebig está a diez kilómetros de Colón, sobre la costa del Río Uruguay. Hoy viven en el pueblo 700 habitantes que han logrado reinventar el pueblo que durante muchos años caminó por la cornisa que habilita a pensar la desaparición de una comunidad. Pasó de todo en Liebig, y hoy los vestigios de ese pasado posibilitaron la recuperación a través del turismo vivencial.  “El lugar atesora una historia que se refleja en las fachadas y en los relatos de los habitantes que a diario caminan esas calles, que se abren a los visitantes como testimonio vivo de un pasado industrial pujante que hoy es un importante atractivo para los turistas”, comenta a la prensa María Rosa Sander, directora de turismo de Colón

“El pueblo se reinventa para vivir del turismo y del rescate intangible de la historia de este gigante industrial que hoy constituye un importante atractivo turístico de la microrregión Tierra de Palmares“, define Sander. La principal atracción es sin dudas el enorme polo industrial en donde entre 1904 y 1925 se llegaban a faenar 1500 vacunos por día, divididos en tres turnos unos 3500 trabajadores mantenían la factoría activa las veinticuatro horas del día, todos los días del año. La producción salía por el puerto propio que tenía la empresa. Desde este rincón del río Uruguay, salía la producción hacia el mundo. 

El pueblo fue puro movimiento. Un monumento al Corned Beef demuestra hasta qué punto esta industria determinó la identidad de la comunidad que nació en el año 1854, cuando la compañía inglesa “Liebig” comenzó a producir extracto de carne y en el año 1903, construyó el inmenso frigorífico. La desmesura de esta construcción, demuestra el modelo de país que se quiso tener en esos años. Hubo miles de familias que se afincaron alrededor del frigorífico, ubicado frente a la isla de Queguay Grande. El pueblo, con el cierre del frigorífico, quedó detenido en el tiempo.

Sin embargo hoy Liebig es ese recuerdo de gloria pasada y mucho más. En la costanera se pueden probar los productos del territorio, la cocina aquí se basa en el pescado. La cercanía con Colón convierten al destino en uno que puede combinar la tranquilidad de pueblo pequeño y el contraste de una ciudad turística como Colón, donde existen toda clase de actividades y servicios, en los que se destaca las aguas termales que aquí se promocionan como “Naturalmente Distintas”, el Parque Nacional el Palmar es otro de los planes que se pueden agregar a la lista de destinos en esta microregión que ofrece una visión intima del litoral.

Desde Colón salen micros y servicios para visitar Liebig, incluso hay hospedajes en el pueblo. El visitante, ya dentro de la comunidad puede visitar un centro de interpretación donde se puede conocer hasta qué magnitud el frigorífico se metió en la vida de los pobladores, también hay un Museo, la gruta de Santa Rita, y las construcciones típicas de la época colonial del pueblo, cuando aún estaba todo por hacerse y que se conservan para visitarlas. El río Uruguay es un recurso natural bello, un paisaje auténticamente entrerriano. La caminata por el río viendo las costas uruguayas mientras el sol se recuesta en el horizonte es una experiencia relajante y sanadora.