El 91 por ciento de las mil personas encuestadas por la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) se mostró preocupada por el tipo de bebidas que debe ingerir para lograr una hidratación saludable, esencial para evitar la deshidratación que puede traer, entre otras consecuencias físicas, un impacto en las funciones cognitivas y en el estado de ánimo.
 
El relevamiento se hizo para consultar sobre qué temas les preguntarían los encuestados a un profesional de la salud en materia de hidratación. Tipos de bebidas, sodio en las aguas, beneficios de beber agua y cantidades recomendadas son los cuatro aspectos sobre los que la población presentó más inquietudes, indicó la entidad científica.
En base a esta indagación, la SAN realizó la guía ‘Hablemos de Hidratación: Inquietudes de la población sobre el consumo de agua, sus diferentes tipos y la hidratación’. El material, del cual participaron profesionales de la salud de distintas especialidades, respondió a la principal preocupación de los encuestados afirmando que “hay que priorizar el consumo de agua como principal fuente de hidratación a lo largo de toda la vida”.
En ese sentido, recordó que en Argentina el Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (CESNI) realizó una investigación que demostró que cerca de la mitad de la ingesta de líquidos corresponde a bebidas e infusiones azucaradas y sólo el 21 por ciento es agua pura.
Por esto, beber 8 vasos de agua diaria es la recomendación del licenciado en Nutrición, Sergio Britos, quien explicó que de los 2 litros diarios que es deseable consumir “un 20 por ciento puede provenir de alimentos”.

En otro aporte, la nutricionista Florencia Flax Marcó indicó que “no todas las bebidas hidratan por igual”, por lo que elegir agua pura “permite incorporar una bebida que no agrega ni aditivos, ni azúcar, dando sensación de saciedad sin incorporar calorías, logrando alcanzar las recomendaciones de ingesta de líquidos de manera más saludable.

 
Además, las aguas “parecen todas iguales, pero no lo son”, añadió su colega Diana Kabbache, pues para que el agua pueda ser apta para consumo “debe estar potabilizada o ser potable, puede estar envasada o no. Las aguas minerales naturales son envasadas en el lugar de origen, mientras que las aguas mineralizadas sufren un proceso ya que se les agrega el contenido mineral de manera artificial”.
No beber lo suficiente puede llevar a la deshidratación que puede ser leve, moderado o grave.
 
“En los primeros dos estadios, se presenta sed, boca seca, orina más concentrada, piel seca y fría, cefalea y calambres. En la deshidratación grave, puede haber piel seca y arrugada, confusión, mareos, desvanecimiento, taquicardia, aumento de la frecuencia respiratoria, apatía, estado de shock, inconciencia y finalmente puede sobrevenir el deceso”, reseñó el presidente de la SAN, Raúl Sandro Murray.
 
El profesional resaltó que “nuestro cerebro está compuesto por un 83 por ciento de agua. Así pues, parece lógico que la deshidratación pueda tener un impacto en las funciones cognitivas y en el estado de ánimo”. La encuesta de la entidad médica se realizó a 1.000 personas de ambos sexos, de 18 a 70 años de todos los niveles socioeconómicos, con representatividad de las principales ciudades, de los cuales el 32 por ciento eran del área Metropolitana de Buenos Aires y el 68 por ciento de otras provincias.