Fotos Jamín Arellano

 

Antes de la explosión sojera copando casi todos los espacios, antes de la siembra directa, antes de las semillas genéticamente modificadas, antes de la revolución que el campo empezó hace 20 años y profundizó hace 10, la zona de la pampa húmeda era terreno exclusivo para la producción de animales: donde hoy se ve una prolija alfombra verde antes era posible ver animales pastando.

En ese contexto donde el ganado se bajó del escenario para dejarle el papel protagónico al cotizado poroto, los animales debieron correrse hacia los márgenes. Ese desplazamiento trajo aparejado un replanteo productivo: los ganaderos empezaron a buscar razas que cumplieran con los estándares de calidad en un terreno que no les era propio. Por eso, desde hace varios años, cobraron importancia algunas provincias y algunas razas bovinas que antes no eran consideradas.

Una de esas provincias es Chaco y una de esas razas es la Braford, cruza de la británica Hereford con la india Brahman. Una cabaña que es una referencia en la provincia del Norte es Las Mercedes, de la familia Bravo, que cría desde hace décadas, a 40 kilómetros de Resistencia, en una zona llamada Colonia Tacuarí, animales de rodeo y ejemplares reproductores. 

Claro que criar un ganado que luego embarcará como Cuota Hilton implica cuidados que en otros lugares serían inimaginables, como el hecho de bañar a las vacas. Eso que en Buenos Aires es imposible de pensar, en Chaco es una condición sanitaria primordial.

Vaca al agua

Las vacas se agitan cuando Faustino Bravo las guía por las mangas hasta el fin de ellas: una pileta larga donde los animales caen. Les espera agua más una solución para quitarles el piojo en invierno y la garrapata en verano. “Tienen piojo Lucas, vamos a darle un baño”, propone Faustino. Y su hijo, entonces, empieza la labor de soltarlo en la pileta.   

 

Se llama así la garrapata contra la cual luchan en el Chaco: Rhipicephalus (Boophilus) microplus, conocida, a secas, como garrapata común del bovino. Tiene un ciclo biológico donde los tres estadios parasitarios, larvas, ninfas y adultos (machos y hembras), se alimentan, mudan y copulan sobre el mismo individuo.

 

En zonas tropicales, la garrapata común del bovino puede desarrollar hasta 5 ciclos anuales, pero en áreas más meridionales, como el norte de Santa Fe, sólo tiene capacidad para completar entre 2 y 3 ciclos anuales. En la Argentina, la garrapata común del bovino se distribuye principalmente en zonas tropicales y subtropicales del noreste (NEA) y noroeste (NOA) ubicadas al norte de los paralelos 30º-31º S, con excepción de la región andina. Se la encuentra en las provincias de Salta, Tucumán, Jujuy, Santiago del Estero, Santa Fe (al norte del paralelo 30º S), Córdoba, Catamarca, Formosa, Misiones, Corrientes y Chaco.

La distribución de la garrapata en Argentina está relacionada a dos factores ambientales, el déficit hídrico y las temperaturas. En este sentido, la presencia de la garrapata requiere de inviernos benignos (mayoría de los meses con temperaturas superiores a 14,5 °C) y déficit hídricos bajos (climas relativamente húmedos).

La utilización de acaricidas químicos es la principal herramienta disponible en la actualidad para el control de la garrapata común del bovino. La técnica de aplicación más común es el baño de inmersión, que en ausencia de resistencia a los productos utilizados constituye un método eficaz y de bajo costo. El manejo incorrecto de los baños (instalaciones deficientes, errores en la preparación del pie de baño y en la reposición, acumulación de costras y sedimentos por mala limpieza, ausencias de controles periódicos del nivel del baño, animales incorrectamente sumergidos) actúa en detrimento de la eficacia de esta herramienta de control.

Esa garrapata provoca una enfermedad llamada tristeza bovina, causantede un decaimiento general del animal y falta de apetito, entre otros síntomas. Hasta puede provocar la muerte. La población afectada por esta patología equina es, según el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), de 10 millones de cabezas de ganado. Por eso, en 2010, el INTA creó la vacuna Bio Ja Ja, para paliar esta enfermedad que provoca una alta merma en el ganado. 

El ruido de un toro cayendo en el agua es como el de un trueno que rompe el cielo en dos. A los oídos de cualquiera es un ruido más, pero para los Bravo, familia con genética bovina, es música para los oídos.