El Instituto Salesiano Agrotécnico Pascual Gentilini de San José (Misiones) busca promover las técnicas agropecuarias de los jesuitas y guaraníes para producir frutas y verduras sin fertilizantes ni químicos, rescatando los métodos ancestrales que hicieron de esta tierra una de las más promisorias del mundo hasta la expulsión de la Compañía de Jesús en 1769. “El desafío del Gentilini es justamente plantar como los jesuitas”, comenta el salesiano Agustín Borzi, quien tiene a cargo de la huerta junto con técnicos y alumnos.

“Queremos que vuelvan los jesuitas porque queremos vivir como ellos nos enseñaron, donde todos nosotros atendemos a los de todos y no como viven los españoles, donde cada uno atiende lo suyo“, escribió a modo de súplica un cacique guaraní en 1769 al Rey de España, cuando la suerte de estos curas ya estaba echada: habían logrado hacer un verdadero imperio basado en la inclusión y el respeto a la diversidad, algo que en España, especialmente en la Iglesia, nunca se vio con buenos ojos.

Varios siglos después, el espíritu de aquellos que lograron hacer trabajar la tierra de un modo organizado siguiendo patrones naturales vuelve a resurgir de la mano de un proyecto agrícola del Instituto Salesiano Pascual Gentilini, auspiciado por el Ministerio de Cultura y el de Agricultura Familiar de la Nación.

La idea del proyecto es producir en el territorio que los jesuitas trabajaron junto con los guaraníes entre 1600 y 1767. El Instituto Gentilini comenzó a forestar y a producir frutas y verduras sin químicos y con riego natural, el predio está cerca de una plantación de yerba mate de 1900. En la huerta del Instituto se producen hierbas aromáticas y hortalizas como maíz, porotos, zapallos, mandiocas y yerba mate.

“El desafío del Gentilini es justamente plantar como los jesuitas”, afirma el salesiano Agustín Borzi. “Con los jesuitas, los guaraníes eran dueños de la tierra. La pierden con la expulsión, y también durante la guerra contra la Liga de los pueblos libres, que lleva Buenos Aires contra Artigas, que intentó dar unidad económica regional a la actual Mesopotamia, Santa Fe y Córdoba”, sostiene. Los conflictos políticos siempre dominaron en estas tierras donde los jesuitas en unión a los guaraníes habían logrado hacer una sociedad más justa.

La historia de la Compañía de Jesús, como se los conoció a los Jesuitas, comenzó en el año 1534, cuando Ignacio de Loyola la funda. La colonización que planteaba el imperio español estaba basada en el servilismo y la esclavitud, pero los jesuitas entendieron que los pueblos que estaban en América antes de su llegada tenían conocimientos ancestrales muy ricos. La orden del Rey de España era clara: evangelizar a los indios y formarlos en español. A los jesuitas les pareció prioritario que conserven su lengua, e hicieron lo contrario: ellos mismos comenzaron a aprender guaraní. Formaron una sociedad justa en el que cada uno tomó lo mejor del otro.

“La dificultad radicaba en las modalidades habituales en los pueblos de cazadores. Costó mucho instalar la planificación. Cuentan que a los indígenas se les facilitaba un buey para hacer más eficaz el trabajo, pero inmediatamente se lo comían”, afirma el arquitecto Ramón Gutiérrez, del Centro de Documentación de Arquitectura Latinoamericana (Cedodal), también responsable del proyecto. Los jesuitas, junto con los guaraníes, lograron una economia sustentable. Esto los convirtió en peligrosos a la vista de los reyes y del poder español.

En el lugar donde está el Instituto Salesiano, en tiempos de los jesuitas había dos yerbatales, Allí se hacían experimentos con las plantas para volverlas más productivas, hacían transplantes, intentaban mejorar las distintas especies vegetales. Llegaron a tener rindimientos que aún hoy parecen increíbles. El proyecto de los salesianos es trabajar su huerta en esta tierra con el mismo razonamiento.  Los alumnos reciben una educación basada en las técnicas ancestrales.