Por Leandro Vesco

La Fundación Si inauguró el sábado 1 de noviembre en las afueras de Santiago del Estero la segunda residencia universitaria que tiene como objetivo permitir que los jóvenes del campo puedan cumplir el sueño de continuar sus estudios universitarios. La idea resulta de capital importancia ya que apunta a la inclusión de estos jóvenes que una vez que terminan la escuela secundaria no pueden continuar con estudios universitarios, debido al alto costo que genera el mantenerse en una ciudad, de esta manera el campo y la ciudad acortan distancias.

En la residencia vivirán 16 jóvenes, que se sumarán a los otros 16 que viven en la primera residencia. El proyecto no sólo busca brindarles una vivienda a los chicos que viven a 300 o 400 kilómetros de la capital donde se encuentran las universidades, sino también ofrecerles el apoyo y la contención para que puedan adaptarse a vivir en la ciudad y llevar adelante su vida académica.

“Este proyecto es muy importante porque está basado en tres ejes esenciales: la educación, los jóvenes y sus sueños. Serán los primeros profesionales de sus familias, y podrán volcar lo aprendido en sus comunidades”, dice Irene de la Silva, coordinadora de la fundación en Santiago del Estero.

“Los primeros jóvenes que viven en la primera casa, hace algunos meses armaron los domingos en la misma residencia un merendero donde dan apoyo escolar y contención a los más chiquitos del barrio “porque no les parecía quedarse solamente en el lugar de beneficiarios y quisieron arrancar a ayudar ellos también. El círculo cierra a la perfección. Quien fue ayudado a cumplir su sueño, puede ayudar a otros”, aclara Manuel Lozano, director de la fundación. “Tener la posibilidad de cumplir su sueño, los encanta con la vida”, agrega.

Las ONG como la Fundación Sí, se posicionan como puentes facilitadores entre aquellas comunidades que se hallan aisladas y los centros urbanos en donde se encuentran las oportunidades académicas, que aún no llegan al ámbito rural. Lo esencial en este tiempo es poder trabajar con el deseo de los jóvenes de no querer irse de sus comunidades pero sí formarse, para de esta manera contar con herramientas que serán usadas en sus hogares, creando así nuevas instancias de crecimiento. Bajo este techo se está gestando un nuevo país.