Se trata de una ceremonia ancestral que un grupo de vecinos junto a la municipalidad desean preservar y fomentar. “Era una ceremonia social, una gran festividad, se realizaba allí el Chuscharuto o el Rutuchicoy, que eran bautismos. Nosotros este año lo hicimos poniendo nombres en quichua a las personas que decidieron participar de los bautismos”, cuenta Juan Carlos Alloso, principal responsable de la realización del Cápac Raymi.

“Es una ceremonia ancestral que pretendemos rescatar, no se trata de una nueva religión, se trata sencillamente de rescatar una antigua tradición. En la ceremonia quien quiso bautizarse, lo pudo hacer, a tal fin distribuimos un listado de nombres en quechua para que la gente eligiera, además dimos certificados o fe de bautismo a las personas que se bautizaron en la celebración anterior”, detalló.

El Cápac Raymi era una fiesta religiosa prehispánica en honor al Sol que se llevaba a cabo en el mes de diciembre, donde se realizaban sacrificios de animales, se bebía chicha de jora, se mascaba coca y se bailaba. Corresponde al primer mes del calendario inca.

En este día se reunían las cenizas de los sacrificios y las arrojaban a los ríos para que estos las llevasen al mar, a Viracocha, como el retorno de todo a su creador. Coincide su fecha con el solsticio de invierno en el hemisferio norte o el del verano austral, celebrado en todo el mundo; festividad que el mundo católico conocida como Navidad.

Otra de las ceremonias que se pudo observar fue el Huarachicoy o fiesta de cumpleaños para todos lo que hayan cumplido 15 años en este 2015 además del serviñacuy o casamiento indígena.

“Hubo actuación de ballets, de grupos folclóricos o sea que fue un hermoso lanzamiento de los veranos culturales en Andalgalá”, comentó Allosa, uno de los chamanes permanentemente preocupado por rescatar la identidad aborigen de la gente que hoy habita la zona de Andalgalá.