Por Matilde Moyano

Se trata de un evento que busca exigir soberanía alimentaria y políticas de incentivo a la agroecología, así como también evidenciar la problemática de la producción de alimentos a través de eventos transgénicos y productos químicos como son los herbicidas, pesticidas y fungicidas, es decir, agrotóxicos, que contaminan el medio ambiente del cual somos parte.

La convocatoria en la ciudad de Buenos Aires es desde las 15 hs en el monumento de la plaza San Martín de Retiro. Invitan a participar las agrupaciones Todos los 25 hasta que se vaya Monsanto y Fuera Monsanto:

Nosotros/as, habitantes de Argentina, preocupados/as y ocupados/as en la emergencia socioambiental, resultado del modelo de producción tóxico industrial impuesto desde hace más de dos décadas en nuestros territorios, articulados/as y con plena conciencia de que la mejor forma de dar batalla y modificar este modelo es unidos/as, invitamos a todas las personas a acoplarse a las voces del mundo que este 18 de mayo nos manifestaremos para decir Fuera Monsanto/Bayer.

Esta Marcha es algo mucho más grande que una manifestación contra una empresa, y nuestros reclamos abarcan una realidad tan amplia que no cabe en un solo nombre. Más allá de la consigna internacional que invita a manifestarse contra Monsanto/Bayer, éstas son sólo unas de las tantas multinacionales, que por su historial, sirven para hacer referencia a un modelo de muerte asegurada.

El modelo agroindustrial controla a escala mundial qué cultivamos y de qué forma, por ende también controla qué comemos, cuándo y a qué precio; influenciando principalmente nuestra cultura, formas de vida, soberanía alimentaria y economía. Este modelo de agricultura tóxica está conformado por empresas como Monsanto, Bayer, Syngenta, ChemChina, Dow, DuPont y Basf, siendo éstas las más grandes y poderosas, pretendiendo aumentar la monopolización mundial de la “alimentación”, desde la semilla hasta tu mesa a través de nefastas fusiones. Continúan empresas más pequeñas, pero no menos perjudiciales, que pueden ser extranjeras o nacionales, como Agrofina, Atanor, Tecnomyl, Rinder, Agro/max, Agrosuma, Arysta entre muchas otras. Siguen en la lista las empresas productoras de “alimentos” procesados, y finalmente los distribuidores minoristas, los formadores de precios, los supermercados como Carrefour, Disco, Coto. Y allí nos posicionamos nosotros/as, frente a toda esta cadena perfectamente articulada, en la góndola del supermercado creyendo que estamos decidiendo lo que consumimos.

Hace 23 años llegaba a Argentina el primer evento transgénico, la soja RR, de la mano de Monsanto, aprobada por Felipe Solá, Ministro de Agricultura durante la presidencia de Carlos Menem. Desde ese entonces los cultivos de transgénicos y el uso de agrotóxicos han crecido de manera desmedida. Alrededor del 80% del área cultivable de Argentina se utiliza para monocultivos transgénicos y 450 millones de litros agrotóxicos son esparcidos directamente sobre 17 millones de personas cada año.

Cientos de estudios científicos garantizan que estas sustancias provocan nacimientos de niños/as con malformaciones, abortos espontáneos, infertilidad, leucemia, enfermedades renales, lupus, problemas neurológicos, afecciones respiratorias severas, dermatitis, y otras tantas enfermedades entre las que se destaca el cáncer. En áreas rurales la tasa de cáncer llega a cuadriplicar la media nacional.

Pero no es sólo un problema que afecta a personas que viven en la región agrícola del país, sino que afecta de manera indirecta y más paulatina a todas las personas que lo habitamos. Ingerimos estos químicos en cada uno de nuestros alimentos, ya que siendo o no de semillas transgénicas, la totalidad de los cultivos utilizan altísimas dosis de agrotóxicos. Tenemos contacto con ellos también, con cada producto que contiene algodón (toallitas, tampones, pañales, gasas, etc.). Estas pequeñas dosis que ingerimos a diario se van acumulando en nuestro organismo, que no está preparado para metabolizarlos y eliminarlos.

Pese a los comprobados efectos sobre la salud y la tierra, la frontera agrícola continúa expandiéndose, provocando desmontes, desplazamiento de pueblos originarios y campesinos, pérdida de biodiversidad, mortalidad en peces, muerte masiva de abejas, contaminación genética, desertificación del suelo e inundaciones.

Por todo esto, ésta sin dudas es también una manifestación que denuncia a los gobiernos de turno, a ministros/as, senadores/as y diputados/as, que sin importar de qué partido sean, se han encargado de legislar en pos del crecimiento de este modelo. A los organismos de control, que hacen oídos sordos a la realidad. A las Universidades Nacionales que firman convenios con las peores corporaciones, formando profesionales moldeados por las empresas y a disposición de ellas. Y a los medios de comunicación masivos, quienes auspiciados por las corporaciones genocidas, son cómplices y partícipes necesarios de la desinformación y silenciamiento.

Repudiamos la autorización para fumigar sobre las escuelas rurales que fue motorizada por la Gobernadora de Buenos Aires María Eugenia Vidal, en claro desconocimiento de las nefastas consecuencias que tienen los agrotóxicos sobre la salud de docentes y alumnos/as. En la misma tónica nos parece insólito el aval del Presidente Mauricio Macri a las fumigaciones ante un fallo de la justicia de Entre Ríos que prohibiría fumigaciones a solo 100 metros; fallo que el presidente considera una “irresponsabilidad”.

Sostenemos el pedido de renuncia del Secretario de Agroindustria de la Nación, Luis Miguel Etchevehere que forma parte del riñón de la Sociedad Rural Argentina. De Lino Barañao Secretario de Ciencia y Tecnología, y de Sergio Bergman Secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable.

Nos manifestamos también en contra de la modificación de la Ley de Semillas, contra la ley de agrotóxicos y contra los tratados de libre comercio.

Sumamos también nuestro reclamo contra la Energía Nuclear, Megaminería, el Fracking, las Megarrepresas, los rellenos de humedales y todas las actividades de carácter extractivista que se realizan en nuestro territorio. Sabemos que éstas son saqueadoras y contaminantes, que generan terribles consecuencias y que más allá del discurso de las corporaciones y sus cómplices, no son sinónimo de progreso. No podemos dejar de mencionar también, nuestra preocupación por la alarmante contaminación plástica a nivel mundial.

Es hora de retomar los reclamos de los/las “sin voz”, de cuestionar este modelo extractivista, de intensificar la batalla cultural y en las calles, ya que el modelo solo implica muerte y desolación. Esta Marcha Mundial contra Monsanto/Bayer es el momento para volver a dar esa batalla de forma conjunta.

Nos manifestamos porque somos las familias de pueblos originarios expulsadas de nuestras tierras.
Nos manifestamos porque somos los/las campesinos/as que perdieron la batalla contra el gran terrateniente, y también los/las que resisten apostando por la agroecología.
Nos manifestamos porque somos los/las docentes de escuelas rurales que lidiamos con las fumigaciones constantes sobre nuestros/as niños/as.
Nos manifestamos porque somos la mujer que perdió su embarazo a causa de las fumigaciones.
Nos manifestamos porque somos Nicolás Arévalo, que se fue con 4 años de vida a soñar que los/las adultos/as hagamos un mundo mejor para niños/as como él.
Nos manifestamos porque somos Andrés Carrasco, somos la ciencia digna, que no quiere ser injuriada por el poder de las corporaciones.
Nos manifestamos porque somos los/las vecinos/as que cada año sufren las inundaciones a causa de un suelo cada vez menos absorbente.
Nos manifestamos porque somos la sed de un agua que no esté contaminada con sus venenos.
Nos manifestamos porque somos el monte nativo cada vez más amenazado.
Nos manifestamos porque somos, porque estamos, porque podemos, nos manifestamos porque es nuestra obligación ser parte de la solución, por nosotros/as y las generaciones que vendrán.