Los micróplásticos son pequeños trozos de plástico, a veces microscópicos, que surgen debido a la degradación en el medio ambiente de productos más grandes, o por el desprendimiento de partículas de los envases de alimentos y agua. Algunos pedazos son los suficientemente pequeños como para entrar en los tejidos humanos, donde pueden desencadenar respuestas inmunes o liberar sustancias tóxicas.

La investigación de la OMS indica que los fragmentos de material plástico están “omnipresentes en el ambiente”, incluso en el agua para beber (tanto en el agua corriente como embotellada) y muy probablemente esto se deba a los sistemas de tratamiento y distribución.

El hecho de que ingiramos microplásticos no significa que ellos representen un peligro para la salud de los seres humanos. La principal conclusión, creo yo, es que tanto si eres un consumidor de agua embotellada o de grifo, no deberías preocuparte”, comentó Bruce Gordon, coordinador de la OMS en el sector del agua y los servicios higiénico-sanitarios.

Sin embargo, Gordon reconoció que los datos disponibles por el momento son “débiles” y que es necesario investigar más a fondo el tema y solicitó esfuerzos mayores para reducir la contaminación global producida por el plástico.

Los microplásticos se crean cuando los materiales artificiales se descomponen en partículas minúsculas de aproximadamente 5 milímetros.

El estudio presentado constituye el primero en su tipo sobre los principales riesgos. En el reporte se constata que, durante décadas, las personas han consumido microplásticos y otras partículas presentes en el ambiente sin darse cuenta, y sin que ello haya acarreado daños.

Gordon afirmó que, si bien la ONU continúa monitoreando los niveles de microplásticos en el agua, la prioridad son las bacterias, que provocan tifus y cólera.Estas causan enfermedades de forma inmediata, y pueden matar a un millón de personas”, concluyó.

No está de más recordar que un reciente estudio realizado por la Universidad de Newcastle (Australia), reveló que los humanos estaríamos ingiriendo cada semana unos cinco gramos de plástico, el peso equivalente de una tarjeta de crédito.