El agua es el elemento clave de la humanidad. Una de los primeros elementos que buscamos en los planetas cercanos. Por eso, la estrategias de poblamiento humanas se han adaptado a lo largo de la historia a su disponibilidad. Si la disponibilidad de agua para la agricultura permitió el desarrollo temprano de civilizaciones como las de Mesopotamia, Egipto o China, la falta de ella (la aridez), se ha caracterizado por una estrategia de ahorro extremo y aprovechamiento máximo del recurso. Ante la carencia de agua, el ingenio humano tiene que esforzarse más para lograr cubrir las necesidades. Pero, ¿qué suecede cuando alrededor todo es agua? Todo.
Mientras el lector lee esta nota, Aurora Canessa cruza en su barco el océano Atlántico. Aurora -un nombre hermoso para quien goza viajar por la aguas y despertar en el horizonte-, dio el primer paso para convertirse en la primera mujer argentina en cruzar sola el Atlántico. La travesía comenzó en abril, cuando soltó amarras desde el puerto de Olivos a bordo del velero “Shipping”, para cumplir con el sueño de cristalizar el cruce en solitario del Atlántico. El destino final es el puerto de Cascais, Portugal. Primero estableció rumbo al puerto de Piriápolis, para luego – en distintas etapas- recorrer las costas uruguayas, las brasileñas y cruzar el Atlántico hacia Europa. Hasta el momento, hizo dos escalas: la primera en las Islas Bermudas y la segunda en las Islas Azores, en medio del océano Atlántico. El “Shipping” es el velero con el que Aurora cruza las aguas: un Pandora 320, de 32 pies y un motor de 29 caballos y 9 cilindros. Según describe su navegante, “una maravilla”. La máquina es “una embarcación sólida y muy reforzada. La supervisé personalmente durante toda su construcción, desde el primer panel de fibra”, aclara. “La cubierta está unida al casco con bulones cada 15 cm, las velas son de crucero; la maniobra es toda al cockpit –para navegar en solitario-, tiene todas las drizas y burdas dobles, y dos paneles de energía solar”, se expande.

AURORA O NUNCA. “No, no, tesorito”, responde desde su teléfono satelital ante la pregunta de si se encuentra en alguna isla difícil de rastrear hasta en los mapas de Google Earth. “Estoy preparando un baño caliente. Hace una semana que no me baño completa, aunque me lavo. El agua es un elemento de supervivencia, hay que administrarla muy bien. Por eso tengo tanta expectativa por bañarme, en estas circunstancias es un lujo. Lo disfruto muchísimo. Te levanta el ánimo, te hace sentir mejor, es más psicológico que físico”, suelta al tiempo que advierte que está “capeando un temporal” (Ndr: esperando que pase) muy fuerte, con olas muy grandes. Desde Islas Canarias monitorean el clima con el que Aurora se enfrente.
No es la primera vez que Aurora lleva a cabo una travesía de alto riesgo por los océanos. En 1992, obtuvo un gran reconocimiento internacional al emprender junto a ocho hombres un emocionante viaje a las Islas Malvinas, con el objetivo de entregar 300 cartas con mensajes de niños argentinos para niños malvinenses. En 2005, se convirtió en la ganadora de las “500 Millas del Río de la Plata”, una de las regatas más duras y exigentes que se corren en ese cauce. Los avatares de la travesía pueden ser numerosos y, claro, muy peligrosos. Desde la rotura de cualquier parte del barco, pasando por la navegación en medio de fuertes temporales, hasta lo que Aurora considera sus mayores dificultades: “El sueño, el cansancio y estar sola”. “Toda mi vida fue un desafío, éste es uno más, voy en busca de mi esencia, y ¿qué mejor lugar que en medio del mar?, sola”, dice sin ningún atisbo de melancolía. ”Te voy a decir la verdad -se abre con confianza- en este viaje encontré al amor de mi vida”.

MISTERIO EN ALTA MAR. Cada vez que Aurora termina un viaje, se relaja y se hace la misma pregunta siempre invocando al cielo, “¿y ahora qué? Cuando terminó su viaje por Brasil se propuso una nueva meta. “Ahora quiero cruzar el Atlántico sola”. En ese momento, la vida de Aurora buscaba un rumbo y la decisión de cruzar el Atlántico devino tras consolidar, según ella, “un camino de orden interior”. Aurora preparó este viaje durante cinco años: ella es dueña de una empresa de correo privado, del mismo nombre que su embarcación, y dejó todo listo para que no necesitaran ni un segundo de ella. El plan inicial contemplaba recorrer Europa en cinco años, con un regreso a Buenos Aires si los costos de la travesía se elevaban mucho. “Pero uno propone y el corazón dispone”, adelanta un imprevisto. “En el camino conocí al amor de mi vida. Y él me va a estar esperando en Cascais, Portugal. Ya me dijo, Aurorita, te voy a estar esperando con cadenas y grilletes y no te largo más en mi vida. El tiene barco y también navega. En la vida puede suceder cualquier cosa y es lo primero que aprendí de este viaje. De modo que todo lo que programé, tuvo un cambio. No podés programar mucho en la vida, no podés. Las situaciones que van pasando, hacen que vaya cambiando la dirección”.
Aurora no le teme al esfuerzo físico. Nada, no es que no hace nada, nada, y además practica buceo. En un viaje así, asegura, lo que puede fallar es lo emocional. Por eso medita, todas la mañanas, durante una hora. Y hace reiki. “Es un modo de vida. Estoy armonizada interiormente.” A la combinación ansiedad y tiempo libre la combate con lectura. Osho está entre los libros de cabecera. Se metió con Jorge Amado y ahora está con la historia argentina. En la travesía seguirá con algunos héroes y próceres nacionales, y también con la historia que escribió Ingrid Betancourt sobre sus años en la selva. El “Shipping” dispone de todos los adelantos tecnológicos para realizar la singladura (distancia recorrida por una nave en 24 hs, que ordinariamente empiezan a contarse desde las 12 del día) y hasta se podrá seguir su posición desde internet, pues el “Shipping” contará con un rastreador satelital y sistemas de telefonía satelital, pero también de efectos emocionales, como fotos de seres que ya no están, “pero que la protegen siempre”, como su mamá. Carga verduras de las que duran (zanahorias, papas, batatas, repollo, coliflor, lechuga japonesa, tomates verdes), manzanas, chocolates y latas. Y mermelada de jengibre, que tiene el efecto de despertarla. Pero Aurora sueña con pisar lo antes posible Portugal. Allí la espera un amor en una semana y la pregunta recurrente: “¿y ahora, qué?”.