Desde que el hombre se instaló en sitios extensos y despejados de vegetación leñosa, donde solo el pastizal lo protegía de los fuertes vientos y de otras adversidades climáticas, se debió proveer de elementos que brindaran a su estar condiciones confortables que le permitiesen, además, cultivar vegetales y criar ganado.

 

Debió recurrir en un principio a estructuras precarias conformadas con elementos inertes del lugar: piedras y barro. Incorporó luego especies de árboles y de arbustos exóticos para el sitio y seleccionó las que mejor se adecuaron por su rapidez de crecimiento, resistencia a las adversidades que le planteaba el medio y fácil multiplicación.

 

Es así, que se implantan, entre otras, especies de eucalipto, álamo y ciprés entre los árboles y arbustos ligustros, tamariscos, transparente y tuyas en casi todo nuestro país aun en las fincas más precarias, con el solo propósito de protegerse de los vientos y del sol.

 

Luego, se extienden a todos los parques y jardines, pues se imponen criterios de ocultamiento de sectores de las vistas más frecuentes, tanto del interior como del exterior, así como de separarse del vecino, del sector o lugar de servicio, protegerse de las polvaredas y también de los ruidos.

 

Para lograrlo se utilizan estructuras construidas como cercos, empalizadas, muros y estructuras cultivadas como setos y pantallas vegetales o cortinas forestales. Para evitar que parezcan visualmente como elementos estructurales rígidos y fríos al construirlos con materiales inertes, maderas, mampostería y alambrados, se suaviza ese aspecto cultivando estructuras de protección conformando paredes verdes, agradables por su aspecto ornamental y de mucho menor costo.

 

Con los setos se puede, además, demarcar límites a los espacios, protegerse del ingreso de animales y de personas, y en ocasiones acentuar y acompañar líneas arquitectónicas para determinados estilos de jardines, por ejemplo en el jardín geométrico o en el mixto, combinación este último del apaisado o natural y el geométrico.

 

En sitios muy ventosos, en las amplias llanuras, en las costas y en cercanías del mar, los setos acompañados con alineaciones de árboles protegen el espacio, haciendo del jardín un lugar agradable y confortable para estar y trabajar en él. Además permiten, dentro del espacio protegido, el crecimiento y desarrollo de especies que no soportarían esa adversidad climática.

 

Planificación y diseño. Los muros, cercos, y alambrados, suelen ser construidos con rapidez, pero si no son acompañados con vegetación que disimulen tanta rigidez se convierten en elementos duros, estáticos y sin la atractiva y agradable naturalidad que aportan las plantas.


Los setos pueden recortarse prolijamente y formarse como una pared estrictamente plana, acortar ligeramente sus ramas sobresalientes o dejar que los ejemplares crezcan libremente. Ello dependerá del espacio disponible y del estilo del jardín. Y también del gusto personal y de la interpretación particular de la naturaleza cultivada que se incluirá en él. Si se dispone de espacios suficientes es conveniente no recortarlos para lograr que florezcan en abundancia y adquieran la belleza de sus formas naturales.

 

Se deben planificar y diseñar de acuerdo con la utilidad y función que se les asigne, para que cumplan acabadamente con su cometido. Con este propósito se determinará su composición y se relacionará la altura, el ancho, la densidad, la agresividad, la textura, los colores y su relación con otras plantas que formarán parte del mismo.

 

El tratamiento de la altura se encuentra en función de las visuales que se deban ocultar y a la distancia de la zona que se quiera proteger de los vientos más frecuentes y molestos. En general, la zona protegida de los vientos se extiende, en promedio, a 15 veces la altura de la pantalla. El ancho se determina por la disponibilidad de espacio en el predio, de las normas exigidas en el código de edificación municipal y del seto compuesto por ligustrina que ocupa el primer estrato en altura, totalmente podado y el segundo estrato conformado por especies sin podar que crecen libremente, aportando el complemento ornamental necesario del predio vecino, que no siempre el propietario acepta que le invadan su lugar.

 

La densidad hace referencia a lo compacto y apretado del follaje y estará de acuerdo con la transparencia que se pretenda, para lograr mayor intimidad del sitio, de la filtración de los vientos para ventilar el lugar, de la protección contra el ingreso de personas y para cierto tipo de animales y también para morigerar ruidos molestos como, por ejemplo, los que se producen en las cercanías de carreteras, calles muy transitadas, entre otras circunstancias.

 

Una barrera de follaje denso por cada metro de espesor atenúa entre 8 y 10 decibeles del ruido emitido por cualquier fuente, lo que equivale a disminuir casi 1,5 veces su energía y 5 veces su presión sonora. La agresividad se refiere a la capacidad de impedir la penetración a su través por la presencia de espinas, ramaje muy denso, grueso e irregular. La textura se refiere al tamaño de las hojas, a su disposición en el follaje y a la rugosidad de la superficie del mismo. Los colores tendrán que armonizar con los de la vegetación que se encuentre en su entorno cercano y con los de las plantaciones adyacentes con las que se las vincule, ya sea con las que ocupan el plano inferior o de menor altura como también con los de las plantaciones que ocupan un plano superior o de mayor altura.

 

A los setos ordenados con más de una hilera de plantas de diferentes alturas se los denominan setos compuestos. Delante de ellos pueden, según los casos, implantarse una bordura floral que dará al lugar un agradable aspecto compositivo. En los setos compuestos pueden combinarse tanto especies de hojas caducas como de hojas persistentes y tanto latifoliadas como coníferas, pero siempre es conveniente que las hileras sean de uno solo de estos tipos y formas de vida vegetal, pudiéndose incorporar más de una especie en las hileras y conservando, con cierta aproximación, la misma altura, densidad y agresividad.

 

Cómo plantarlos. Una vez elegido el sitio y la extensión, se abre una cava o zanja de no menos de 0,50 m de ancho por 0,40 m de profundidad, separando la primera capa de tierra negra que es la de mayor fertilidad, de la más profunda y de color más claro. Esta última calidad de tierra se reemplaza por otra de buena calidad y luego se le incorpora y mezcla homogéneamente estiércol seco, preferentemente de caballo, y en lo posible, se agrega resaca con harina de huesos. Si la tierra del fondo de la zanja es poco permeable, muy arcillosa o con tosca, se perfora la base cada 0,70m a 1m con un barreno hasta por lo menos 1m de profundidad rellenándolos con tierra de buena calidad, para permitir que algunas raíces profundicen y que infiltre el agua en exceso. Se eligen siempre plantas jóvenes, pequeñas, sanas, bien formadas y ramificadas desde su base.

 

Las plantas jóvenes se adaptan mejor al lugar, desarrollan y crecen con mayor rapidez, superando en poco tiempo a las de mayor edad; además son menos costosas y fáciles de plantar. Se ordenan de modo tal, que los ejemplares de las especies más altas no superen el metro de altura al momento de su implantación. La distancia de plantación es de 3 a 4 ejemplares por metro lineal para las especies de mayor tamaño y de 5 a 6 ejemplares por metro lineal para las especies de menor tamaño. Si el tiempo para que desarrollen permite la espera de más de un año para obtener del seto la utilidad buscada, se pueden implantar cada 10cm gajos o estacas de las especies que se multiplican por este método, pues es mucho menos costoso y se pueden preparar a partir de las propias plantas del parque o jardín. Es conveniente espaciar las plantas un poco más de lo aconsejado si se dejarán crecer libremente. En los setos compuestos se separan cada una de las hileras por lo menos a 0,60 m para evitar que se encimen y que compitan por nutrientes, agua y luz.

 

 

Si las plantas jóvenes están desvestidas de ramas y de hojas en su base se las debe podar, dejándolas de 30 cm de altura a las de hoja persistente y a 15-20 cm a las de hoja caduca. Esta poda se la debe efectuar durante el invierno. Comenzar a formarlos bien densos de follaje desde la base a partir de su implantación es una de las condiciones imprescindibles para que cumplan acabadamente con su función. Si el seto esta implantado desde hace varios años y muy desvestido en su base y no se los puede podar completamente, se les corta algunas ramas de la base para que comience a formar follaje desde muy abajo, o si no se planta delante otra especie de menor altura. A partir de su implantación se riegan frecuentemente sobre todo si están expuestos a los vientos y al sol.

 

Cómo mantenerlos. Luego del implante y del primer riego, se fertilizan una o dos veces al año, más aún si no se ha mejorado la tierra con materia orgánica. Durante los dos primeros años se los poda frecuentemente, aun las ramas más desarrolladas. Al podarlos se estimula el crecimiento de las ramas laterales y se ensanchan los ejemplares densificándose el follaje y se forman matas apretadas. Luego del segundo año se los deja crecer libremente. Si el seto será siempre disciplinado la poda debe hacerse prolijamente, con una tijera bien afilada o con cortacercos eléctricos u otros y darle un perfil de tronco de pirámide- más ancho en la base y más angosto en la parte superior- para que reciba luz en sus dos lados expuestos y no se desvista de follaje, sobre todo desde la base.


Para evitar alejarse de las formas y perfiles recomendados y que los cortes no se desvíen de las líneas establecidas, se utiliza una cuerda bien extendida como guía que se fija con estacas altas clavadas en ambos extremos del seto. Si serán irregulares y crecerán libremente solo se los debe podar cuando se desvisten o cuando están debilitándose por la edad. Se controlan siempre las hormigas podadoras y otras plagas como pulgones, cochinillas y orugas cortadoras. Aún alineados y apretados se los trata como cualquier arbusto del parque o del jardín.