El número realmente asombra: en la Argentina, cada 60 minutos en promedio, se consumen 7.000 botellas de espumantes. Esto arroja un total de 163.000 a lo largo de un día, lo que a su vez equivale a la friolera de 59,5 millones de botellas en todo un año. Esa fue, justamente, la marca que se alcanzó en 2015, año récord en materia de consumo de espumantes en el país, de la mano de un crecimiento de casi 6% respecto a 2014. En efecto, el año pasado se consumieron en el mercado interno 4,96 millones de cajas de 12 botellas cada una, tal como se observa en el siguiente cuadro:

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Si se traza una mirada hacia atrás se puede observa la notable evolución que tuvo esta industria, no sólo debido al beneficio de las exenciones impositivas, sino que fue su propio mérito haber logrado imponer grandes cambios en los hábitos de consumo. Ese es, seguramente, su mayor logro: haber logrado que los consumidores dejen de asociar a las burbujas con las celebraciones y que más personas hayan incorporado a los espumantes a la gastronomía o simplemente como aperitivo. De la mano de estos cambios, el salto que logró el sector fue exponencial: las 59,5 millones de botellas comercializadas en 2015 implicaron un salto de más del 120% respecto de los niveles de hace una década. Un informe de la División Vinos del Banco Supervielle da cuenta de que, en línea con esta expansión de la demanda, también hubo un fuerte incremento en el número de establecimientos elaboradores. “En la década del ’90 en Argentina había sólo un puñado reducido de bodegas que fraccionaban espumante. Ya en 2005, esa cifra alcanzaba un total de 61 empresas, mientras que en 2015 la cantidad se había casi duplicado, hasta alcanzar las 101 empresas, lo cual revela que el fenómeno dejó de ser sólo aprovechado por unas pocas firmas sino que se generalizó en la industria y en la actualidad la mayoría de las bodegas que actúan tanto en el mercado nacional como internacional con vinos fraccionados han incorporado al espumante en sus portfolios de vinos”, destaca el documento.

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En diálogo con iProfesional, Andrés Heiremans, presidente de la bodega Cruzat, dedicada sólo a la elaboración de espumantes de alta gama, afirmó que “la demanda ha venido creciendo sostenidamente en los últimos años porque se ha producido un círculo virtuoso calidad-consumo, que incentiva a las bodegas a elaborar cada vez más y mejores productos”.

“Prevemos que esta tendencia seguirá aumentando en el corto y largo plazo, a lo que debería sumarse un mejor clima económico en general”, agregó el directivo.

En tanto, Fernando Gouiran, director de Trade Marketing de Moët Hennessy Argentina, responsable de comercializar la marca Chandon, confió que “se espera que la demanda total de espumantes crezca levemente en 2016, con un mayor impulso dado por los espumantes dulces”.

Por su parte, Sebastián Real, brand manager de Vinos de Alta Gama de Casa Bianchi, afirmó que “el mercado de espumantes ha venido creciendo muy fuerte y en la compañía creemos que la tendencia continuará, ya que es un mercado que todavía está en expansión y que no está cerca de llegar a su techo”.

Desestacionalización del consumo, la clave

El informe del Banco Supervielle destaca que “el espumante en Argentina dejó de ser considerado una bebida asociada a las fiestas de fin de año”. Su consumo, en este último tiempo, se fue desplazando a lo largo del año y comenzó a ser consumido con mayor frecuencia y en diversas ocasiones. Según el informe, durante el período 2004-2006 casi 28% de los despachos al mercado interno se solían concentrar en los tres últimos meses. Como contrapartida, entre 2012 y 2014, el último trimestre pasó a representar cerca un 25% del total. Desde Moët Hennessy Argentina afirmaron que, de cara al mediano plazo, “el consumo de espumantes estará incluso menos asociado al brindis de fin de año y se multiplicarán las ocasiones de consumo fuera de la temporada”. Al trazar un análisis, Heiremans, de Cruzat, afirmó que la difusión de redes como Facebook, Twitter o Instagram, han tenido un rol preponderante en la expansión de esta categoría: “Las redes sociales han permitido que ´las cosas buenas´ hayan dejado de ser un descubrimiento exclusivo de pocos y se conozcan rápidamente”.

“Acompañar las comidas con un vino espumoso y disfrutar de una copa de espumoso en cualquier ocasión es de los placeres grandes de esta vida. Y, en la medida en que la gente lo va descubriendo, lo comunica y esto aumenta la penetración”, agregó.

La clave: es un producto menos “elitista”

De acuerdo con el relevamiento de los analistas del Supervielle, una de las llaves de la “masividad” en el negocio de los espumantes fue que aparecieron productos cada vez de menor precio. “En la última década, el volumen despachado tanto al mercado nacional como a la exportación creció significativamente pero en el mismo período el precio promedio de venta de cada caja disminuyó casi a la mitad”, destacaron.

“Cuando en un mercado se observa este comportamiento se puede decir que existió un crecimiento de la oferta que amplió el mercado considerablemente. Hoy la categoría de vinos espumantes ha dejado de ser sólo de elite y se ha incorporado en franjas más bajas de ingresos, especialmente la de los jóvenes”, agregaron.

De hecho, Gouiran consideró que la expansión del consumo a lo largo de este año estará apoyada en los espumantes del segmento medio, que hoy promedian los $80, los cuales “ganarán una mayor participación”.

Se consumen cada vez más dulces

El análisis del Supervielle da cuenta de que, del mismo modo que existieron cambios en los estilos de los vinos preferidos por los consumidores a nivel mundial y nacional, migrando la preferencia hacia productos fáciles de beber, también hubo modificaciones dentro de la categoría espumantes, de la mano de un fuerte incremento de las alternativas más dulces.

Heiremans afirmó que en Sudamérica en general y también en la Argentina, “los consumidores están acostumbrados a vinos más dulces, donde la acidez no es un elemento distintivo como sí ocurre en Europa, donde los vinos –por el clima- son naturalmente más ácidos y tienen menos alcohol”.

Al comparar el perfil gustativo de los consumidores locales, Real coincidió en que “en general, hay una tendencia marcada a aceptar y preferir la presencia y la sensación de dulzor en las bebidas, por lo que en este último tiempo el mayor crecimiento ha sido el de los espumantes dulces”.

Incluso, destacó que entre los espumantes más tradicionales, como es el caso del Extra Brut, “las mejores devoluciones por parte de los consumidores se centran en los ejemplares cuyo contenido de azúcar está en el límite superior de esa clasificación”.

Pese a esta ampliación del consumo de espumantes más dulces, desde Moëtt Hennessy Argentina consideraron que “el Extra Brut seguirá estando en el centro de gravedad de la categoría y se espera que continúe siendo la variedad principal”.

“El Extra Brut es un estilo que gusta a un amplio rango de consumidores, pero también es una marca que la gente conoce y prefiere”, apuntó Heiremans.

Según el informe del Supervielle, si bien hubo un marcado incremento en el nivel de participación de los espumantes de estilos más dulces, la categoría “Extra Brut” hoy domina completamente, con más del 72% de share.

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“Está claro que el Extra Brut es la gran estrella de los espumantes. Si bien en Casa Bianchi tenemos propuestas de Espumantes Rosados, o Espumantes de Cabernet como el Stradivarius, las cuales son muy buenos ejemplares y tienen su público interesado en estas propuestas, no creo que cambie el hábito de consumir preferentemente Extra Brut”, apuntó Real.

Por otro lado, desde Cruzat, Heiremans apuntó que, “en la medida que aumenta la comunicación, los consumidores compartirán más el gusto por diferentes tipos de vino. Hoy en día hay excelentes alternativas de Nature, Rosé y Demi Sec, que están dejando atrás los estereotipos que el consumidor tenía hacia estos productos, haciendo que se valore la diferencia y se busquen diferentes estilos para diferentes ocasiones de consumo”.

 

También crece el cava español

Así como en Francia no todo espumoso es un champagne, dado que esta apelación depende de su origen y de una serie de requisitos controlados por un consejo regulador, en España el esquema es similar.
Hay muchas regiones y bodegas que elaboran espumosos, pero no todos son cava.

En primer lugar, el sello de la Denominación Cava sólo distingue a aquellos productos elaborados bajo el método tradicional, con una segunda fermentación realizada en la botella, y que permanecen en las cavas por un período mínimo de nueve meses, además de otras consideraciones sobre calidad de la uva y rendimientos máximos permitidos.

También, la regulación fija las variedades de uvas autorizadas para la elaboración de vino espumoso: nueve variedades propias del Penedés, como la Macabeo, Xarel.lo y Parellada y dos cepas difundidas internacionalmente (Chardonnay y Pinot Noir).

Paralelamente, la otra variable clave en la Denominación Cava es el terroir: como se mencionara, no todo espumoso español puede ser catalogado como cava. El área permitida para su producción está conformada por 159 municipios, la mayoría de ellos ubicados en Cataluña, si bien hay áreas habilitadas en otras comunidades como Extremadura, Rioja o Navarra, por mencionar algunas.

Cataluña es la cuna y el hotspot por excelencia para este producto. Más precisamente, la zona vitivinícola del Penedés, donde se emplaza el municipio de Sant Sadurní d´Anoia (Barcelona), y de donde proviene la mayor parte del cava de toda España y, no casualmente, el origen de casi la totalidad del cava que se consume en la Argentina.

En diálogo con Vinos & Bodegas, Cecilia Canaro, gerente regional para Sudamérica del Grupo Freixenet, confirmó que la compañía es “número uno en la elaboración de vino espumoso en el mundo y en la Argentina es líder absoluto. De acuerdo al Consejo Regulador de Cava , en su informe final del 2015, el share de Freixenet en el mercado argentino de cava fue del 87,3%”.

Desde la empresa destacaron que los productos más vendidos y de mayor volumen de la compañía son Cordón Negro, Cordón Rosado, Carta Nevada y Gran Carta Nevada, con sus diferentes variedades de Brut y Demi Sec.

Para el mediano plazo, las perspectivas son alentadoras en el mercado interno. Según Canaro, el crecimiento planteado a 5 años es del 20%, partiendo de las 340.000 botellas actuales.

De acuerdo con la directiva, la eliminación de las DJAI y su reemplazo por un nuevo Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones (SIMI), “sin dudas agilizará el abastecimiento y facilitará el ingreso de productos”.

Esto, además, ayudará a impulsar las inversiones que Freixenet tiene la Argentina, donde posee una finca de 317 hectáreas de viñedos propios donde se encuentra su Bodega Finca Ferrer, ubicada en Gualtallary.