“El caballo es la obra más bella de Dios.. La frase pertenece a una criadora, mucho tiempo antes de que lo sea. La pronunció al pie de la arena de la pista central de La Rural de Palermo, algún día de la década de 1960. No sabía que esas palabras iban a conducir su destino. Recuerda que soplaba un viento helado, cuando sus retinas empezaron a brillar con el andar majestuoso de un tordillo, con el freno de sus patas en la arena, con la cabeza erguida. Ese mismo día se juramentó criar esa raza que le entró por único el lugar por el que entran las pasiones: el corazón. Su amor a primera vista funciona como ilustración de muchos casos y su experiencia puede calcarse en cada criador de caballos, cualquier raza de que se trate.
Lo bueno es que los criadores argentinos supieron saltar la tranquera que implica abrazarse a la pasión caballar para volverla una verdadera fábrica de campeones. Profesionalizando sus métodos de cría desde hace varios años, incorporando -en las razas que lo permiten- novedosos sistemas de reproducción, han logrado ganarse el respeto del mundo del caballo.
Tal vez “Invasor”, un Sangre Pura Carrera, sea la mejor muestra de cómo un caballo nacido en estas tierras logró triunfar en el mundo. Nacido en un haras de Buenos Aires, recaló primero en Uruguay, luego fue vendido a Estados Unidos y terminó su carrera en el mundo árabe, donde ganó, en Dubai, la carrera más importante del mundo.
Desde hace unos años, los caballos árabes entrenados para endurance encontraron en Emiratos Arabes Unidos, Qatar y Barhein un mercado que viene al país a comprar sangre equina. Y no es todo. También se nutren de jinetes nacidos en estas tierras para probar la resistencia de la raza. Es esa la tierra de los records mundiales de velocidad, algunos de ellos cumplidos con animales argentinos.
Desde hace décadas se sabe que los mejores caballos -y los mejores jugadores- de polo del mundo están en Palermo, pues este torneo es el más célebre del planeta. Pero no es sólo allí donde el polo se enciende. Es entre los chicos un deporte popular, en el cual Adolfo Cambiaso o Facundo Pieres son los ídolos, casi a la altura de Lionel Messi.
Resistentes, rápidos, sagaces, dóciles. La industria hípica tiene la chance de mostrar sus cualidades cada otoño en La Rural de Palermo, con la clásica “Nuestros Caballos”, la séptima edición de lo que ya es un clásico de las ferias equinas del país. Acaso sea ella la mejor muestra de la calidad de los caballos que han tenido la suerte de alumbrar en este terruño, la tierra prometida para la obra más bella de Dios.