La cuarta edición de Frutar, la expo formoseña que exhibió un importante nivel de desarrollo tecnológico y el protagonismo de los productores frutícolas del norte argentino, dejó claro que la frutihorticultura se inscribe como una de las grandes cadenas agroindustriales a desarrollar en las provincias del NOA y del NEA en el contexto del Plan Estratégico Agroalimentario. Sobre la coyuntura de los productores, El Federal reunió a Luis Basterra, vicepresidente del Inta; a Rubén Hernández, productor agropecuario y presidente del mercado Profrutos, de Salta; y a Raúl Barberis, representante del Ministerio de la Producción y Ambiente de la provincia de Formosa, para pasar revista del promisorio presente que goza esa cadena de valor.
– La fruticultura, históricamente, no ha sido bien tratada por la política. Sin embargo, en los últimos años percibimos muchos esfuerzos, tanto desde el Estado como desde el sector privado, para promover y desarrollar productivamente la actividad en el norte del país.
– Luis Basterra: Sin dudas que el desarrollo de la frutihorticultura está muy ligado a la posibilidad de colocación de un producto perecedero en un mercado. La posibilidad de acceso a un mercado determina mayoritariamente la posibilidad de subsistencia y desarrollo de un cultivo. Cuando nosotros vemos el retraso histórico que ha tenido lo que es el desarrollo de infraestructura en el norte argentino, podemos entender algunos de los determinantes del bajo nivel que existió en términos de tecnología puesta en la actividad, y de recursos de inversiones de capital para que esto pudiera ocurrir. Se dejó prácticamente supeditado al aporte de capital privado la posibilidad del desarrollo de una actividad generalmente ligado a la producción de primicias, para poder llevar adelante un cultivo que tenía una alta rentabilidad por el acceso al mercado en circunstancias particulares. Sin embargo, nosotros entendemos que el subtrópico tiene una oportunidad enorme, a partir de las condiciones ambientales que las mismas proveen, y a la vez se constituyen en un instrumento de política de ocupación del territorio, de generación de riquezas y de equidad social muy importante, porque tratándose de producciones de alto valor, pueden llevarse adelante en superficies menores, dándole oportunidad a productores que puedan tener una economía muy importante sin necesidad de tener grandes superficies como las que requieren los cultivos extensivos.
– Una transformación de fondo. Rompe con todo lo anterior.
– Basterra: Este cambio es el que está dándose en la Argentina, donde se reconoce el valor de los territorios, donde el estado nacional y los estados provinciales se comprometen a generar ámbitos de competitividad, por un lado, en términos de infraestructura, por otro, en lo que significa el desarrollo de tecnologías y de conocimiento. El caso del Inta, que ha multiplicado por más de siete su presupuesto, es un claro ejemplo del compromiso del Estado para desarrollar conocimiento, y que este conocimiento se aplique para hacer más eficientes a las distintas producciones. Y también en el caso de generar ámbitos de encuentro de todos los actores, como en Frutar, donde la probabilidad que se encuentren el comercializador, el proveedor de insumos, el proveedor de servicios con el productor, nos da la oportunidad de alcanzar estrategias ganar-ganar, lo que significa que cada productor pueda llevar adelante su producción de manera eficiente, recibiendo una retribución justa. Este es el horizonte que nosotros percibimos, y desde la política nacional estamos apuntalando la actividad, como acabamos de hacer al crear la mesa de Frutas Tropicales, una estrategia sistémica para poder aprovechar la gran potencialidad que tenemos, y rescatar el sentido de identidad territorial que significan las producciones frutihortícolas.
– ¿Desde el sector privado también lo perciben así?
– Rubén Hernández: Nosotros vemos que por lo menos se empieza a reflejar una buena política nacional, muy bien orientada. La provincia de Salta dio todo el apoyo al sector, a partir de la firma de convenios para financiamiento que nos ayudó a formar el plantel de frutas tropicales de la provincia, Aprovechamos las condiciones que mencionó Basterra recién. Estamos en Orán y producimos bananas, paltas, mango, papaya o maracuyá, entre otras variedades. Lo clave para nosotros, a pesar de estar tan alejados de los centros de toma de decisiones, es que cuando buscamos protagonismo para que nuestro sector se sienta acompañado y lo que hacemos sea reconocido y tenido en cuenta, eso está ocurriendo en este tiempo. Sentimos que hay una política destinada al sector.
– ¿La producción actual les permite exportar?
–  Hernández: Como dije, lo importante ahora es que hay una política nacional. Entonces, lo primero que tenemos que lograr, es sustituir las importaciones. En el país importamos del 80 al 90 por ciento de la banana que consumimos. De cualquier manera, cuanto mayor el pedazo de la torta que logremos, mejor será para el sector, la provincia, la comunidad. Los ingresos se invierten inmediatamente en la producción. Piense que siempre el productor de cultivo intensivo, la maquinaria que mueve, es la mano de obra. Entonces, si vos tenés buenos ingresos, los volcás en capacitaciones, bienestar, tomás otros tipos de decisiones, asegurás, perfilás un futuro. Cuando se genera otra expectativa, y el productor piensa que le va bien, eso genera arraigo y desarrollo económico.
– Tengo entendido que en el mercado local no se paga por un producto como la banana nacional, lo mismo que por la banana de Ecuador o de Brasil. ¿Cómo se logra apreciar lo nuestro?
– Raúl Barberis: Provincias como Formosa, Salta, Misiones o Entre Ríos, que en los noventa eran consideradas inviables, hoy están viviendo una realidad muy distinta, que tiene que ver con los esfuerzos que se vinieron desarrollando en los últimos años. Creo que lo que más valoramos, hoy por hoy, es estar incluidos en el concierto nacional, en todo sentido. No solamente porque la justicia de la inversión pública alcanzó a nuestras provincias, en especial a Formosa, sino porque estamos incluidos en lo que hace al desarrollo nacional, integrados a la Nación como provincias que aportan a su propio desarrollo y crecimiento. A partir de ahí, como política local lo que nosotros valoramos muchísimo y lo que nos permite estar muy bien preparados, fueron las decisiones políticas y las medidas tomadas en nuestra provincia en las épocas difíciles. Como ejemplo emblemático, tenemos lo que hoy se conoce como instituto PAIPPA (N. de la R.: Instituto Provincial de Acción Integral para el Pequeño Productor Agropecuario), que en forma similar a lo que decía el colega de Salta, fueron políticas que comenzamos en la década del noventa, cuando nos propusimos que aquel productor que vivía en el campo lo siguiera haciendo. En aquella época, el productor debía migrar de su pago, incluso con su propia familia, para poder sustentarse. Hoy día, con mucho orgullo, decimos que ese productor está incorporado a toda esta política de desarrollo. Las cadenas frutihortícolas hoy integran a la actividad productiva de ese producto.
– Muchas veces se confunde, y se escucha por ahí, que el problema del algodón es la falta de mano de obra.
– Barberis: Nosotros tenemos dos valoraciones al respecto: decimos Qué suerte que el hombre y su familia dejaron de cosechar manualmente, un trabajo inhumano como lo era, pero a la vez ese cosechero hoy es un productor. Y a partir de la tecnología incorporó nuevos cultivos, como es la frutihorticultura, que gracias a la visión nacional que aportan los institutos de investigación básica como es el Inta como entidad madre, y las propias políticas de validación de tecnología de la provincia de Formosa, permiten hoy que ese productor tenga no solamente tecnologías adecuadas, sino accesibles, que están incorporadas ya no solo pensando en el autoconsumo, sino a la posibilidad de ir abasteciendo a su localidad, luego a su provincia, y seguramente ser partícipe de todo lo bueno que está por venir.