Por Leandro Vesco

Tolar Grande es un lugar de otro mundo, algunos piensan que muchos atractivos de su paisaje, uno de los más bellos de nuestro país, tienen intervención extraterrena. El pequeño pueblo tiene 120 habitantes que viven en un recoleto valle a los pies de las cordilleras de los Andes, a casi 400 km de Salta. La Soledad allí se materializa en lagunas turquesas, cielo estrellado y montes surreales.

En sus cercanías existen “ojos de mar”, lagunas pequeñas aunque profundas y muy saladas, donde se encuentran algunos de los pocos estromatolitos vivos de la actualidad en el mundo. Son los únicos conocidos en el planeta Tierra que viven en alturas cercanas a los 4.000 metros, con un medioambiente muy semejante quizás al que originó los primeros seres vivos hace unos 3.500 millones de años. Los estromatolitos son estructuras estratificadas de formas diversas estrepitosas, formados por la captura y fijación de partículas carbonatadas, son fruto de la agrupación de células en colonias formando rocas sedimentarias, se trata de capas superpuestas en finas láminas apiladas unas sobre otras en las que sólo la capa superficial contiene organismos vivos.

El pueblo ha cobrado notoriedad recientemente por ser el pueblo argentino más cercano al volcán Llullaillaco, donde fueron hallados los cuerpos de los “Niños de Llullaillaco”. Los pobladores están acostumbrándose a recibir visitas y algunos se han capacitado para la atención al osado turista que se le anima a la melancólica realidad de esta puna hechizada. Llegar hasta Tolar Grande es una aventura en sí misma. Existen comedores y casa de familias que brindan alojamiento a los visitantes con la posibilidad de compartir las tareas y la vida cotidiana, ideal para los que quieren estar, conversar y participar en la elaboración de comidas típicas de la Puna salteña.

El pueblo está inmerso en un entorno natural único, es posible visitar el Túnel del Hombre Muerto, de 180 m de longitud, compuesto de cuatro bóvedas y un puente. En su interior se encuentran estalactitas y columnas de sal de distintos tamaños. La Cueva del Oso y Arenales en cuyo trayecto se experimenta la sensación de estar dentro de un sueño por lo árido y desértico del suelo. El pueblo se halla a 3500 metros sobre el nivel del mar, y es un lugar muy ventoso.

Anualmente, el tercer sábado del mes de noviembre, sus pobladores realizan el ascenso al Cerro Macón de 5.500 metros de altura, donde se realizan ofrendas en agradecimiento a la Pachamama. En su cima existe una apacheta incaica por lo que está considerada como una “montaña sagrada”.

Acaso uno de los lugares más increíbles de Tolar Grande, se el salar de Arizaro, los fuertes vientos salados, llamados vientos blancos bajan por las cumbres y peinan el salar, allí se halla un sitio que muchos consideran un misterio, el Cono de Arita. Es una rareza que resalta a la primera mirada. Su cuerpo oscuro y perfecto sobresale de su entorno en el salar, el tercero más grande del mundo con 1.100 km2. Sus líneas exactas hacen pensar en una construcción humana. Sin embargo la Geología niega esto y explica su singular existencia, aunque muchos piensan que fue construido por alguna civilización perdida allá lejos, en las páginas más amarillas de la Historia.

No hay noción del tiempo, está el silencio, el juego de colores en amaneceres y atardeceres que salen de pinceladas de algún pintor celestial, los espejos de agua turquesas, un puñado de casas, y la tranquilidad de saber que se está en una tierra alta, alejada de todo. Tolar Grande atrae como el mar, en sus montañas descansa la luna.

Cómo llegar: