Alrededor de dos mil ballenas de la especie franca austral llegan todos los años al Golfo Nuevo en Chubut, produciendo un espectáculo natural único. Los científicos argentinos celebran estar en un sitio tan privilegiado para interactuar con estos animales.

Desde el Laboratorio de Mamíferos Marinos (LAMAMA), que pertenece al Centro para el Estudio de Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET) estudian desde hace décadas a esta especie declarada Monumento Natural Nacional, con el objetivo de conservarla.

“En este lugar del mundo las ballenas se acercan muchísimo a la costa y por eso los dos atractivos turísticos principales se tratan de su avistaje: uno, embarcando desde la localidad de Puerto Pirámides, y el otro, desde la playa El Doradillo, a 15 kilómetros de la Puerto Madryn, donde los turistas pueden observar estos animales a muy corta distancia”, indica Mariano Coscarella, investigador adjunto del CESIMAR-CONICET e integrante del LAMAMA.

La caza de ballenas fue una práctica común desde el siglo XI, pero durante el siglo XVIII la actividad se aceleró al ritmo de la Revolución Industrial y a principios del siglo XX, algunas especies de ballenas se encontraron al borde de la extinción: entre ellas, la Ballena Franca Austral, que por su gran tamaño y docilidad resultaba una presa fácil para los barcos arponeros.

Se estima que la población en el hemisferio sur es de 14 mil individuos para esta especie. Si bien parece mucho debemos tener en cuenta que los números antes de las cacerías rondaban entre los 70 y 100 mil individuos. Pese a encontrarnos muy lejos de estos números, en la actualidad, las poblaciones se están incrementando”, explica Coscarella.

Para monitorear a las ballenas que anualmente llegan a reproducirse a Península Valdés, los científicos necesitaron establecer un método que les resultase económico, sencillo y efectivo. “Desde 1999 realizamos censos aéreos para saber cuántos animales había en la región y saber si la población estaba creciendo. Para esto volamos a baja altura y a poca velocidad. Somos tres observadores. Dos que van mirado por la ventanilla hacia abajo contando los animales y uno que va adelante y al lado del piloto en un avión de 4 plazas, anotando los registros. Es un vuelo de 5 horas y abarcamos unos 630 km de costa en cada oportunidad. En el primer año que comenzamos a volar contamos unas 430 ballenas en total para toda el área. El pasado 1 de agosto, contamos 1079 ballenas y en septiembre volveremos a volar”, describe Coscarella.

A lo largo de estos 20 años de monitoreo continuo por parte del grupo de investigación, la adquisición de estos datos permitió entender los procesos que se dan en cuanto a la dinámica de las poblaciones en la zona.Estamos en un lugar donde los animales han decidido venir a realizar una parte muy importante de su ciclo de vida, como es la de parir a sus crías. Cuando llegan a la zona es muy probable observar grupos de cópula cerca de la costa donde se pueden ver una hembra y varios machos en estos grupos de alta actividad. A medida que avanza la temporada empiezan a aparecer las crías, que miden de aproximadamente cuatro metros de largo. Se las puede ver nadando junto a sus madres en las zonas de los golfos”, indica el investigador.