El organismo lamentó que no se utilicen más los gravámenes para luchar contra el cambio climático y la contaminación atmosférica.

Al margen de los combustibles utilizados en el transporte, solamente un 18% del resto de emisiones tiene algún tipo de tasas, mientras que a un 3% se les aplica un impuesto de al menos 30 euros (unos 33 dólares) por tonelada de CO2, que se considera un referente mínimo para compensar el daño medioambiental.

El reporte de la OCDE reveló además que solo cuatro de los 44 países analizados en el estudio (Dinamarca, Holanda, Noruega y Suiza) tienen tasas superiores a esos 30 euros para las emisiones que se producen fuera del transporte.

Y recordó en el documento que “el combustible de los aviones y de los barcos, cuando se utiliza para el transporte internacional, no está sometido a ningún impuesto pese a que esas actividades contribuyen de forma relevante al cambio climático“.

El carbón, que es responsable de la mitad de las emisiones, está sometido a una fiscalidad prácticamente nula (0,73 euros/0,80 dólares por tonelada de CO2, de media).

La gasolina es, con diferencia, el combustible fósil sujeto a una mayor imposición, de 85,83 euros por tonelada (94,5 dólares), seguido del diésel (73,76 euros/81,2 dólares) y, a muy gran distancia, del gas licuado de petróleo (11,12 euros/12,2 dólares) y del gas natural (5,26 euros/5,79 dólares).

Los autores del informe destacaron que el año pasado las emisiones globales de CO2 aumentaron un 1,8% a un máximo histórico, en contradicción con el objetivo fijado en los Acuerdos de París.

Si la carga fiscal total por las emisiones de CO2 se fijara en 30 euros por tonelada, eso permitiría generar alrededor del 1% del producto interior bruto (PIB) en estos 44 países.