Para los que gustan de los relatos bien camperos, recurrimos hoy al libro “Del Salado al Quequén” por el Gualicho. Gracias al relato de Fermín Elizate, veremos cómo y con qué espíritu se preparaba un arreo.
Escribió el autor en su tercer capítulo: “Esa agua, pato, había que nadarla. Y con las plumas bien aceitadas.
Porque una cosa es arrear un día y una noche desde cualquier estancia hasta la estación de FFCC más próxima para cargar un especial de hacienda, o viajar un mes con tropa a destino lejano, pero con capataz y doce reseros, carro carguero/ranchero que prepara el churrasco, el mate y hasta café; eso no es trabajo. Es como una excursión, una farra. Quien escriba diciendo que eso es sacrificado, dura vida de resero, no lo ha hecho y no lo ha gustado. Para quien vaya papando moscas, podrá ser a lo sumo, monótono, pero nunca duro. Pero para quien vaya mirando, viendo, preguntando y archivando en la mente, y además le guste, es una gloria. Firmaría un contrato hasta el fin de mis días para arrear tranqueando así servido y conocer el país, al tranco, observando, fijando pagos y horizontes. Eso sí, antes de mi fin, me gustaría disponer del tiempo necesario para escribir contándolo, y así hacer útil –y amena en lo posible-, mi experiencia.
¡Eso sería vida! Que la vida es para tranquearla pensando, no llevándose las púas por delante.
Y otra cosa es largarse a cruzar solo, con un plazo perentorio, por caminos o huellas desconocidas, o no caminos ni huellas, desconociendo las tiradas y las paradas, las aguadas y hasta los pastos que irán ramoneando los caballos.
Pero no dramatizar, que no era cruzar el desierto del siglo pasado (se refiere al siglo XIX), pues felizmente toda la Pampa Húmeda y más especialmente la ganadera Provincia de Buenos Aires está jalonada desde hace algo más de un siglo y medio por esas marcas cristianas como fueron las pulperías primero, adláteres de los fortines y luego casas de Ramos Generales, centro cívico y núcleo de la necesaria vida de contacto de amplias zonas ubicadas estratégicamente en lo geográfico y ecológico, si cabe el término, en sentido literal, de acuerdo con las posibilidades de supervivir por el curso de un arroyo inmediato o cruce de antiguas rastrilladas, o al abrigo de las sierras, o término de la tirada de sol a sol, o mejores tierras, o costas altas de lagunas o ríos, pero siempre ubicadas con sentido y conocimiento telúrico, indio, pampa.
Marcas cristianas que luego del riego de sangre de milico fortinero, le debemos a esos hijos de Galicia, Asturias, León, Euzkadi, que han sido regiones hispanas de mayor aporte a la afirmación de la frontera, con la sola salvedad que el euzcaldún, de Euzkadi, no es hispano; es euskaldún, la raza más vieja (antigua) que se conoce, y su idioma, el euzquera, no tiene ¨hebra¨ para los filólogos, y si aceptamos que Dios hizo al hombre a su imagen y semajanza y los baskos no tienen ancestros pues no descienden de nadie sino que descienden de otros baskos… y de los Pirineos…entonces se infiere clarísimo que siendo los más antiguos y hechos a imagen y semejanza de Dios, pues, Dios es basko. Clarísimo y elemental Watson, como diría Sherlock Holmes.
Teníamos que esos gallegos de Galicia, asturianos, leones y baskos, con algún italiano entreverado de lejos en lejos fueron amojonando la frontera con sus comercios de avanzada de civilización, que si bien no fue en esos casos, de carácter santo y misional, y en otros casos con el apaño de un Comandante de Campaña que ¨iba¨ en el negocio, por gravitación, fueron núcleos de población, asentamientos y en suma, embrión de los pueblos”.
Estas y otras conclusiones ha sacado Fermín Elizate, quien luego de ponderar la vida en un arreo organizado y con suficiente personal, se aprestaba a hacer su propio viaje, llevando su tropilla y “ajustándose la faja”, para llegar con éxito.
El libro es el resultado de lo vivido en el trayecto que lo llevó a cambiar de pago.