Restos de cerámica encontrados en la costa norpatagónica dan cuenta de la manera en que cocinaban los grupos de cazadores recolectores de la costa noreste de Chubut, en un suelo semi-desértico, expuestos a fuertes vientos y bajas temperaturas.

La cerámica encontrada fue fabricada con arcillas que obtenían del suelo que mezclaban y amasaban para elaborar ollas que servían para varios propósitos domésticos en un contexto de movilidad territorial permanente o semi-permanente.

El hallazgo es mérito de la arqueóloga Verónica Schuster, becaria postdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Instituto de Diversidad y Evolución Austral del Centro Nacional Patagónico (IDEAus, CENPAT-CONICET).

Siempre se supo que sustentaban su alimentación principalmente en la carne de guanaco asada, sin embargo, este hallazgo advierte que los pueblos originarios de la región supieron aprovechar la biodiversidad que ofrecían un mar y una estepa prácticamente vírgenes.

A partir de técnicas derivadas de la geología y de la medicina se pudieron revelar dos importantes aspectos que marcaron el modo de vida de estos pueblos: la elaboración local y artesanal de artefactos cerámicos y la incorporación de otros tipos de alimentos que ampliaba la dieta basada en la carne de guanaco.

Se determinó que los residuos que estaban adheridos o absorbidos en las paredes de las piezas tenían restos de recursos vegetales asociados a carnes de especies terrestres y marinas. Esto quiere decir que los grupos basaban su dieta en función de la disponibilidad de recursos que había en la zona: peces y grasa de mamíferos marinos, vegetales autóctonos y carne.

Son piezas que no tenían morfologías particulares, como las que se elaboraban en el noroeste argentino para usos específicos. Son ollas de boca abierta, subglobulares, sin base, que servían para diversos fines como cocinar sobre el fuego, guardar alimentos y procesarlos. “Eran piezas funcionales al modo de vida de los grupos. Tampoco pesaban mucho, lo cual les permitía cargarlas en los viajes a otros campamentos”, explica Schuster.

“Nuestra hipótesis es que estas piezas podrían haber servido para maximizar o intensificar los recursos que ya estaban presentes en la dieta de estos cazadores, con la particularidad de que el uso de cerámica les permitía hacer preparaciones, como un puchero o un guiso, aprovechando los recursos vegetales que de otra manera eran más difíciles de digerir o de preparar. Esto sumaba valor nutritivo y condiciones de higiene a su dieta ya que hervir la carne era más saludable que comerla cruda o después de varios días sin condiciones adecuadas de conservación”, explica la arqueóloga del CENPAT-CONICET.