Los Lance cumplen con la máxima que se recomienda desde siempre en el negocio agropecuario: poner los huevos en distintas canastas, para conformar una empresa familiar que hace un culto de la diversificación. El menú productivo de los tresarroyenses incluye agricultura de punta, ganadería intensiva, prestación de servicios como contratistas, una pequeña fábrica de hilo para atar rollos de forraje y la elaboración de biodiésel.
Presentados a través de su portfolio, los Lance parecen muchos, pero apenas son dos: don Raúl, 64 años, productor y contratista desde hace tres décadas; y su hijo Sebastián, 36 años, amante de la agricultura y de los avances tecnológicos. Ellos hace casi una década eligieron el camino de la diversificación ante la necesidad de buscar alternativas para darle viabilidad a la empresa familiar.
Los comienzos de don Raúl fueron como productor y prestador de servicios casi en partes iguales. Primero tuvo camión de hacienda, luego de cereal, después pasó a un avión de fumigar y finalmente se inclinó por la confección de rollos. Al mismo tiempo experimentó cierto crecimiento como productor en base de arrendamientos para sumar hectáreas al campo propio. Y hasta que se decidió por probar suerte en el sector industrial y comenzó con una pequeña fábrica de hilo para atar los rollos de forraje.
Al poco tiempo de estar en funcionamiento la mini-industria, se sumó al proyecto Sebastián, tras una fugaz experiencia universitaria en Tandil. Con el paso del tiempo, se fue interiorizando más en el manejo de la explotación familiar y la prestación de servicios como contratista. A partir de eso decidieron arrendar un campo para agrandar la escala de trabajo y esa expansión trajo aparejada el cambio por la siembra directa.
La modificación también motivó la reducción del área destinada a la hacienda. Como gran cantidad de productores mixtos de esta porción sur de la provincia de Buenos Aires, los Lance empezaron a hacer una ganadería intensiva a partir de la suplementación para liberar la superficie sembrable. Hasta ese momento los animales estaban en los bajos y como el espacio físico era poco, la cantidad de cabezas también.
La mutación productiva incluyó engorde a corral y acumular más animales en menos superficie. Al tiempo que crecieron en hectáreas sembradas y en las horas de trabajo para terceros con los servicios de siembra y confección de rollos. Con el ingreso a Aapresid, ya en 2005, los roles quedaron bien definidos: Sebastián en la parte agrícola y con los fierros, y Raúl en la fábrica de hilo y con la ganadería. En 2008 los Lance decidieron aumentar un poco la escala agrícola y en sociedad con otro productor arrendaron más campo; compraron un pulverizador, sumaron otra sembradora para tener nueve metros de ancho de labor, de modo de hacer más rápido las tareas propias y salir a dar el servicio tranqueras afuera.
El último cambio significativo en la empresa se produjo el año pasado. Se desprendieron de parte del rodeo para incorporar una cosechadora al parque de maquinarias y tener los fierros para brindar todos los servicios que demanda una explotación agropecuaria.

En el lote. Sebastián intenta llevar adelante una agricultura lo más eficiente posible, y eso se complementa con el manejo que Raúl le da a la hacienda. “En lo que es ganadería nosotros tenemos un sistema eficaz, le aplicamos la misma tecnología que a la agricultura”, asegura el mayor de los Lance. Los bajos naturales son ocupados con vacas de cría y también allí realizan la recría. En las lomas de tosca, que hasta hace algunos años no servían para agricultura pero a partir de la siembra directa lograron hacerlas útiles, producen avena que cortan y ensilan. También confeccionan silos de sorgo. Toda reserva de forraje que se destina tanto a la cría como a los novillos, que además reciben una ración diaria de grano seco.
En total, los Lance utilizan 65 hectáreas para la ganadería y obtienen resultados para destacar: en la actualidad engordan unos 350 novillos al año, aunque hasta 2010 llegaron a tener 500. Siempre hay tres tropas en el campo: los terneros recién comprados, los que están haciendo caja en los bajos y los que se están terminando con suplementación a corral.
 “A cada hectárea ganadera, con ayuda de rollos y granos, alcanzamos a sacarle 1.200 kilos de carne”, asegura orgulloso Raúl, que si bien se define como un productor mixto, dice que la agricultura “es muy ingrata porque por el clima o por medidas políticas te podés llevar un gran sinsabor”. Por eso fue que en un momento decidió empezar a fabricar hilo para atar los rollos, como una manera de mantenerse a salvo de tantos imprevistos, “algo así como una red de contención frente a alguna debacle”, argumenta. Y también fue lo que lo motivó en los últimos años a dedicarse de lleno a la parte ganadera del negocio y dejar en manos de Sebastián todo lo relacionado con la siembra.

Granos. En lo que tiene que ver con la agricultura, contabilizando las hectáreas de cultivos de primera y de segunda, los Lance están sembrando unas 1.200 anuales. Y la proporción es 60% fina y 40% de gruesa. Para esta campaña, la oferta de cultivos de invierno incluye trigo pan, trigo candeal, cebada forrajera, coriandro y, tal vez, mostaza. De estos dos últimos specialities ya sembraron el ciclo pasado como una manera de diversificar ante la intervención oficial en el mercado triguero.
También son buenos productores de avena, pero por la excelente cosecha que se dio en la zona la campaña pasada, la producción superó la demanda, y todavía tienen mucha mercadería sin colocar. De modo que prefirieron no sembrarla en 2011.
Por el lado de la gruesa, la soja acapara la mayor superficie. Porque además del área destinada anualmente a la de primera, todas las hectáreas sembradas con cultivos de invierno pasan a soja de segunda. Los Lance también siembran, en menor proporción, sorgo forrajero para la hacienda, y maíz. En este último caso se apunta al cuidado del sistema productivo. “El maíz nos aporta cobertura y materia orgánica al suelo”, explica Sebastián, un productor preocupado por la conservación de la salud del campo.
Además, con visión de futuro, Raúl y Sebastián entendieron hace rato que debían escalar en la cadena de producción y agregarle valor agregado a la materia prima que cosechaban. Por eso forman parte de los 12 productores que hace cinco años fundaron Bio Combustibles Tres Arroyos, la planta de biodiésel construida en el Parque Industrial tresarroyense.
Si bien durante parte de 2009 y 2010 la fábrica elaboró combustible que fue destinado al autoconsumo, hoy no produce porque está siendo ampliada y modificada para cumplir con los requisitos que se exigen para lograr la calidad de biodiésel que se necesita para realizar el corte obligatorio del gasoil. “Para fin de año tendríamos que estar produciendo”, coinciden padre e hijo, dos productores que siempre van por más.