Como ya hemos anticipado en esta revista, la pesca de pejerreyes en las lagunas de la Pampa Húmeda se restringirá este año a los espejos clásicos. Difícilmente aparezca alguno “nuevo” con buen pique. Todo se debe a la falta de lluvias que ha hecho que no surgieran otras lagunas y que, incluso, varias de las tradicionales tengan poca agua y, para un pez que consume mucho oxígeno, esto es sinónimo de inactividad.
Una de esas lagunas “de siempre” es Hinojo Grande, de Trenque Lauquen. Pensar que antes de las grandes inundaciones de la década de 1980 era un gran salar. El agua llegó desde Córdoba, de los desbordes del Río Quinto, y armó un espejo permanente, que ahora tiene unos diecisiete kilómetros de lago y tres a cinco de ancho, con una profundidad hasta 4,5 metros, y muchos y buenos pejerreyes.
Hay otras lagunas cercanas, como las vecinas Hinojo Chico y Las Tunas, pero no tienen buen pique, o Cuero de Zorro, ya sobre la ruta 33. Nuestros amigos Miriam y Eduardo Gambini visitaron Hinojo Grande ingresando por el club Laguna La Redonda (precisamente “Trenque Lauquen” significa “laguna redonda”, pero no por este espejo, que, como dijimos, es de existencia reciente). En el kilómetro 436,5 de la Ruta Nacional 5 se encuentra el camino de once kilómetros de tierra en buen estado para llegar al complejo.

Pura accion. José, encargado del club, les confirmó que el pique de piezas chicas y medianas era permanente y los contactó con Diego Goaper, uno de los guías de la laguna que dispone de truckers con motor o sin él para alquiler. Para esta nota, Diego les facilitó una embarcación. Gambini, avezado nauta de otros espejos y el mar, llegado hasta este punto desde Venado Tuerto, cargó las bolsas de mojarras que le dio José y salió al ruedo.
El viento soplaba del sector nordeste a unos quince kilómetros por hora, moviendo el agua de este enorme espejo. El día se presentaba con nubarrones amenazantes, pero mejoró a media mañana y salió el sol durante toda la jornada. Navegaron unos 1.500 metros hasta el centro del espejo y se largaron al garete hacia la costa sudoeste de la laguna. Para que no tomara tanta velocidad usaron un ancla de capa, es decir, un gran cono de lona con un diámetro de entrada de un metro y la salida de 0,20 centímetros, lo que va frenando la deriva de la embarcación.
Los equipos empleados fueron cañas telescópicas de 4 y 4,20 metros, reeles frontales chicos cargados con nailon de 0.26 o multifilamento de 0.12, y líneas de tres boyas sin puntero impulsor con bajadas de 20 a 40 centímetros. Las boyas chicas Cribal (de madera balsa) y Doble T (de poliuretano) rindieron muy bien en colores naranja y verde limón. El filete de dientudo o del propio pejerrey es muy eficaz, casi a la par de la clásica mojarra, a la que por el tamaño de los peces, si es grande, se la corta en pedacitos. Se usan anzuelos dos y tres porque es un pejerrey de boca chica. Eso sí: está muy hambriento. Los piques bien francos con llevadas hacia los costados o bien parando las boyas así lo demuestran.
La primera en pescar, como suele suceder, es la dama. Miriam logró un ejemplar de 24 centímetros. Luego continuaron con muchas piezas cuyos tamaños rondaron entre los 22 y los 28 centímetros. Si bien no son grandes, el pique es sostenido, por lo que se pasa una jornada muy entretenida. Una vez que llegaron a la costa donde muere el viento (donde “termina”) remontaron con el motor unos cuatro kilómetros hasta cerca de la zona del monte seco para volver a largarse al garete. A las 13 ya tenían la pesca hecha, con gran cantidad de pejerreyes que colmaban el cajón.
El viento había disminuido y, con la laguna casi planchada, la pesca se corta. Luego aceleró su fuerza y en dos horas los piques eran tremendos: tripletes y dobletes fueron comunes y hasta varias veces se clavaron pejerreyes en las boyas que quedaban en el agua, mientras los amigos desenganchaban las piezas.
Cuando las olas aumentaron, porque creció la intensidad del viento, aparecieron los pejerreyes de cerca de 30 centímetros y Eduardo consiguió el más grande de la jornada que acusó medio kilo en la balanza. Esa fue la señal para terminar la jornada y volver a puerto antes de que el frío fuese más intenso.
Todas las lanchas habían pescado bien y ya varias utilizaban el servicio de fileteado o las mesas para limpiar sus propios pescados. Algunos se quedaban para el otro día aprovechando el sector para acampar con asadores, luz eléctrica y sombra. Fin de una hermosa jornada en una laguna ideal para ir con los novatos por la gran cantidad de piques.