Las historias solidarias crecen en el país y reflejan uno de los rasgos más definidos de nuestra identidad. En tiempos adversos “el darle una mano al otro” se convierte a veces en la única contención posible. Un joven de Punta Alta, que es técnico en seguridad e higiene decidió que había que hacer algo por la gente sin techo: comenzó a cocinar con su padre, cargar las ollas en su auto y hoy le da de comer a 32 personas en situación de calle.

“Acá se rema, todos los días”, dice Eugenio en una entrevista radial en Brújula 24. “La cosa empezó una mañana en este invierno, estábamos con unos compañeros de laburo, y hacía mucho frío, y ahí me pregunte, si nosotros que estamos bajo techo tenemos frío, lo que deben estar pasando la gente que no lo tiene, y que tiene que vivir en la calle. Ese mismo día comencé a cocinar, cargué la olla y con mi viejo recorrimos las calles buscando gente” Los primeros días tuvieron pocos “comensales” pero pronto aumentaron.

Por un lado te da felicidad que puedas ayudar a la gente, pero cuando ves que cada día son más es una señal que las cosas están mal”, advierte Eugenio, quien puede ver como nadie el costado más cruel de la realidad en la que vivimos. Su padre, Rubén, lo ayuda a cocinar y a repartir las porciones. El comedor móvil recorre Punta Alta todos los días.

“Esto lo hacemos a pulmón, remando de a poco. La verdad que en este tiempo se acercó mucha gente desinteresadamente para ayudarnos y eso es impagable. Muchas veces, las mismas personas, cuando consiguen alguna changa, nos piden que su ración se la demos a alguien más”, cuenta Eugenio. “A mí me da mucha alegría cuando a alguien que le di de comer una semana me para y me dice: esta semana pude comprarme una bolsa de cemento y seguir haciendo mi casa” La red que sin querer creó se sostiene gracias a la contención que se dan entre los que están en la misma situación. Aquel que un día no necesita comida, le da la porción a uno que sí.

A mí no me sobra nada, es más, se me hace difícil llegar a fin de mes, pero gracias a las colaboraciones de la gente, puedo seguir cocinando” Eugenio y su padre, de esta forma muestran cómo no es necesario a veces tener una infraestructura ni demasiados recursos para pasar a la acción directa. Todo es a pulmón, sólo se trata de hacer comida y cargarla en un auto y repartirla entre quienes más la necesitan.