María Juana es un pueblo de 5000 habitantes del sudoeste santafesino donde la principal causa de muerte es el cáncer, el ejido del pueblo está rodeado de campos sojeros y de silos donde se acopia la oleaginosa. La agrupación Vecinos Autoconvocados de María Juana, procupados por los problemas ambientales reclaman que se restringa la pulvrización con agrotóxicos y se reponga una ordenanza que prohíbe la fumigación en todo el municipio.

Los aviones pulverizadores con glifosato pasan sin cesar sobre el pueblo y sus alrededores. Los vecinos, cansados de estar expuestos al veneno, decidieron unirse y firmar un petitorio donde consiguieron el aval de todas las instituciones mariajuanenses y de gran parte de la población. La entrega del petitorio al Intendente significó para los vecinos una victoria porque literalmente el pueblo es un isla en un mar verde de soja infectada con glifosato.

“Es interesante también destacar el decidido apoyo de profesionales relacionados al ámbito de la salud y, en especial, de las instituciones educativas, religiosas y sindicales cuyas autoridades, sin dudar, estamparon sello y firma en defensa de la salud y la vida, particularmente de los más vulnerables e indefensos”, destacaron desde la agrupación de Vecinos Autoconvocados.

A mitad del año pasado el pueblo, que se halla en el corazón de la zona núcleo, recibió la visita de 120 medicos y estudiantes de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Rosario quienes estudiaron la realidad clínica de la localidad y revelaron que el cáncer es la principal causa de muerte en María Juana, en un índice que casi duplica a la media nacional.

A pesar de este alarmante resultado, conocido por las autoridades municipales, el silencio y la inacción habrían sido las únicas medidas. “Desde entonces no se tomaron medidas para comenzar a revertir la situación, y en algunos casos se actuó en dirección contraria”, remarcaron alarmados los vecinos. Los vecinos reclaman por la reposicion de la prohibición de las fumigaciones aereas, que fue recientemente suspendida, dejando vía libre para que los agrotóxicos se vaporicen por los campos, también piden la prohibición de la circulación de máquinas fumigadoras terrestres dentro de zonas restringidas.

También reclamaron que se restringa el tránsito pesado dentro del ejido urbano con destino a las plantas de acopios, lo que constituye una situación de riesgo por la volatilización de productos peligrosos y la utilización dentro de la población de químicos de la más alta toxicidad. “Estos se encuentran prohibidos, tanto por leyes y resoluciones nacionales como por ordenanzas locales”, señalaron los vecinos, entre otra serie de demandas.

“La gravedad del caso se puede constatar no sólo en el contacto cotidiano con la gente sino que así lo confirmó el estudio realizado por la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario. No es necesario realizar un macabro conteo de víctimas, algunas fatales, para verificar el acierto de esa percepción. Sin embargo desde esa histórica visita nada se hizo para modificar la tendencia de constante empeoramiento de nuestra calidad de vida”

Esta no es una realidad aislada, las fumigaciones con glifosato producen muerte y atraso. Pero muchas veces los mismos funcionarios municipales son propietarios de los campos donde se producen estas fumigaciones masivas.

“Asistimos a acciones y omisiones que terminan sometiendo a la salud y al ambiente a imperativos exclusivamente económicos como puede leerse, a modo de ejemplo, en los argumentos que fundamentan la ordenanza que suspendió temporalmente la prohibición de fumigaciones aéreas”