Dicen que el termómetro no afloja de los 36 grados. Y uno se imagina lo que es: un inmenso territorio donde la tierra seca pide a gritos un poco de lluvia. Donde los verdes se opacan a fuerza de calor y el polvo que vuela. Donde parece temblar el suelo cuando uno de lejos fija la vista por la cinta beige que se sumerge entre cactáceas gigantes y quebrachales. Es así que, como perla colosal, llega un mensaje de texto a la cronista de El Federal, quien lee atónita que su entrevistado en medio del Impenetrable, Francisco García, le advierte: “Hola, estimada amiga. Soy Francisco, te mando este mensaje para decirte que yo quiero vender mi campo, son ochocientas cuarenta y cuatro hectáreas”. La llamada desde Buenos Aires no se hace esperar. ¿Por qué? ¿Qué pasó? Francisco fue anfitrión espontáneo de la revista que recorre la selva argentina en su comienzo, en Comandante Andresito (Misiones). Luego el recorrido pasó por los esteros correntinos, en Ituzaingó, y llegó a Chaco para conocer los secretos de esta región y culminar la  travesía desde la Mesopotamia al norte argentinos, en la yunga de Salta y Jujuy. Y fue Francisco el que saludó al equipo periodístico desde la puerta de su casa, en medio del campo, a un lado del camino del Impenetrable.
En aquella oportunidad contó cómo es la vida de campo. Que siempre estuvo con la cría del ganado a pesar de que sus hermanos y hermanas se mudaron a la Capital Federal, donde desarrollaron sus vidas. Él tiene a su familia en Castelli, a unos cincuenta kilómetros, y su casa en Miraflores. Lo cierto es que entre especificaciones técnicas de cómo se cría el ganado en especial está haciendo una prueba con animales de raza Braford. Detrás de la casa, también hay un poco de madera, los rollizos que se extraen de su monte y más atrás, el río Bermejito, que dibuja un ambiente increíble de frescura y verde esmeralda. Para los que saben y conocen el Impenetrable, es un lugar soñado. Tanto que no se entiende por qué, si toda la vida la dedicó a este sitio, hoy quiere vender.
Su manera sencilla y clara de contar explica que “ahora hay que cerrar todo el campo”. Parece cansado el hombre que se escucha, sin embargo, con alegría desde el auricular del teléfono. Y dice que “cerrar” el campo es alambrarlo todo. Y que ya no puede. Lo dice sin preocupación, además. Ha crecido la región y nuevos productores se han afincado en estos lares porque quienes buscan tierras para ganadería se acercaron a comparar por aquí y han generado lo que parece una nueva zona de cría, aunque su historia productiva en esta metié se remonta unos setenta años. Francisco está informado de todo. Justo ahora que se festeja el carnaval recomienda el de Castelli, aunque El Federal visitó los talleres de las dos comparsas de General San Martín y sostiene que es hermoso.
Los carnavales chaqueños son a pura carroza y con todo artesanal. Se trabaja todo el año en el diseño, guión y construcción de trajes y carrozas. Es un mundo en ebullición el Impenetrable, que, sin embargo, cuesta conocer. Muchos extranjeros eligen la naturaleza virgen, la espesura y los sitios como este para realizar travesías cuatro por cuatro, que permiten conocer en profundidad cada palmo de esta región. Francisco invita a que la gente vaya. Y aunque el calor sea lo habitual en esta época del año, suspira por teléfono y recalca los 37 grados. Como en Buenos Aires, pero sin respiro. La espesura cobra fuerza. Y no sólo por el calor y la imponencia del ambiente y el paisaje, con esos ejemplares de siglos que alcanzan el cielo, sino también porque en el año que acaba de terminar se estrenó un film novedoso de un hijo de esta tierra. El escritor y periodista Mempo Giardinelli, nacido en la capital chaqueña de Resistencia y conocido a nivel mundial, adaptó su novela “El Décimo Infierno” y debutó como cineasta codirigiendo junto con el colombiano Juan Pablo Méndez Restrepo una película basada en su libro. Está filmada enteramente en escenarios chaqueños y correntinos. Su trama recorre los laberintos pasionales pero a tono con esta saga rutera, Mempo recalcó en los reportajes que buscó que el film mantuviera la tensión que el libro genera pero  buscó al mismo tiempo una fidelidad con el correlato del ambiente y del paisaje del Chaco. Y para quienes bucean fuera de la selva de cemento que forma la gran urbe de Buenos Aires, recorrer lugares de la Argentina brinda frescura en la mente y en el alma. Pero si el envión no llega, es una película la que acerca a un mundo que pareciera de pronto estar tan lejos, tan cerca. Es cuestión de buscar, elegir y mirar.