Ushuaia crece sin ningún ordenamiento urbano, con la urgencia de buscar un lugar para armar una casilla, las familias que llegan de todas partes del país le ganan metros al valle y la montaña, desmontando bosques milenarios. De esta manera, la ciudad más austral del mundo, tiene 83 barrios y 27 asentamiento, más del doble de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

A la belleza de su entorno geográfico y natural, Ushuaia tiene dos caras, una la que muestra al turismo internacional y una social delicada y que da cuenta de un desborde de su política de planeamiento urbano, la desocupación y una sociedad dominada por un conflictos entre organizaciones sociales y el estado. Sin dudas la ausencia de un plan de urbanización afecta a la ciudad en donde la mitad de su población carece de servicios básicos como los cloacales.

Ushuaia tiene 75.000 habitantes, 40 veces menos que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que cuenta 3 millones de porteños, su superficie es de 203 kilómetros cuadrados, Ushuaia tiene apenas 23. La pregunta que se hacen los especialistas es cómo la ciudad fueguina puede tener tanto descontrol urbanístico y cómo esto influye en la vida social y política de esta sociedad que alberga a tipos humanos de todas las provincias de Argentina.

Ernesto Piana, antropólogo residente en Ushuaia y estudioso de la vida fueguina explica que esta situación que vive la ciudad son producto de “los pulsos de crecimiento de la propia ciudad a lo largo de los años. Cada vez que el Estado planificó una urbanización y extendió servicios, los fue nombrando por su lugar de ubicación o por el tipo de construcción. Los barrios fueron topónimos, referencias geográficas o históricas más que asentamientos urbanos. También influyó la necesidad de los gobiernos de designar estos espacios para diferenciarlos de otros, construidos por gestiones anteriores”, detalló.

Para explicar el fenómeno de la diversidad de barrios y asentamientos en Ushuaia, el ex intendente Federico Sciurano, quien se desempeñó en ese cargo por dos períodos, declaró. “La ordenanza que fija los requisitos para la formación de un barrio no es muy exigente respecto de la superficie y la cantidad de habitantes, y eso llevó a su proliferación”

Los barrios, tal como se conciben en Ushuaia distan de ser los que comúnmente se conocen en, por ejemplo, la ciudad de Buenos Aires, donde cada barrio tiene una identidad propia. Piana, en este sentido argumenta: “En Ushuaia las construcciones demuestran una forma diferente de ocupar el espacio, con distintos niveles económicos y hasta con modos disímiles en su relación con el ambiente, sin una homogeneidad de comportamiento”.

“Los fueguinos en general, tenemos un comportamiento de vida muy urbano. La mayoría provenimos de ciudades de más de 500 mil habitantes. Y en los barrios se nota. Muchos no conocen a sus vecinos. Así como pasa en las grandes capitales, el “hiperurbano” es muy individualista y no tiene tendencia a la agrupación”

El ex intendente afirma: “La diversidad barrial no es un problema en sí mismo. Mientras el Estado realice una planificación ordenada de la extensión de los servicios, que la gente tenga una necesidad social de aglutinarse de una manera o de otra, no influye en la organización de la infraestructura. Obliga, eso sí, a tener otros tipos de atención en las áreas sociales y en el desarrollo de políticas culturales y deportivas”

Pero en esta realidad tan diversificada y caótica, habría un beneficio político, y esta visión la explica el antropólogo Piana: “Agrupar barrios también puede tener consecuencias, porque se lo transformaría en un espacio de poder dominable, y entonces sujeto a competencias políticas.” Este problema también tiene una consecuencia en el medio ambiente, ambientalistas de la isla critican el desmontre de bosques nativos para levantar casas sin ningún permiso.