El trabajo de la tierra une y hermana. En la Escuela Integral 7/008 de la localidad de Tunuyán, que enseña oficios a jóvenes y adolescentes con discapacidades, hicieron una huerta que es mantenida por los alumnos, incluyéndolos en conocimientos que pueden volcar luego en sus familias y lugares de residencia. 

“La huerta es un espacio de responsabilidad común”, advierte uno de los alumnos que la trabajan. La huerta se ha convertido es un espacio de contención y motivo de alegría para este grupo de estudiantes que ha visto el proceso natural de sembrar y luego cosechar. “Es chiquita pero a veces nos podemos llevar algunas verduras a la casa“, comenta el mismo alumno.

La escuela, que se encuentra en el Valle de Uco está integrada al Programa del INTA “Una escuela, una huerta“, en esta región funcionan ya más de treinta escuelas con sus huertas. “La huerta no sólo aporta experiencias de aprendizaje y permite abordarla desde lo curricular en distintas materias. También fomenta conocimientos y saberes populares, la participación de los alumnos, la responsabilidad por el ambiente y la socialización“, sostiene al diario Los Andes a Lidia Quiroga.

El excedente de la huerta, también forma parte del aprendizaje ya que una parte es donado a comedores escolares, otro es para hacer conservas y por último, los alumnos se llevan alimentos sanos a sus hogares. “Uno de los objetivos es que los chicos sean multiplicadores de estos conocimientos en sus casas. Muchas familias han replicado las huertas en sus hogares“, detalló Javier Castillo, jefe de Extensión de INTA Tunuyán.

El INTA, con su Programa ProHuerta le provee semillas a las escuelas, además de capacitación. “Sin embargo es la comunidad escolar la que debe acordar e instrumentar el riego y demás prácticas de cuidados, sobre todo durante el tiempo de vacaciones”, comenta Castillo.

A días de terminar el ciclo lectivo, la escuela de Tunuyán inauguró la huerta. “El proyecto lo iniciamos en setiembre. La mayoría de los chicos viven en fincas o zonas rurales y fueron ellos los que nos terminaron enseñándonos la siembra y otras prácticas”, explicaron Guillermo Guzmán y Nora Castellanos, docentes y promotores de hacer la huerta. Los alumnos hicieron un sistema de goteo.

La huerta, además de dar alimentos orgánicos, les da la posibilidad a estos jóvenes que tienen discapacidades de poder no solo mejorar su alimentación, sino de donar a instituciones y ser promotores ellos mismos de estas experiencias de trabajar la tierra con responsabilidad y cuidado al medio ambiente.