Texto y Fotos: Leandro Vesco

La Pulpería de Cacho di Catarina es más conocida que la ciudad de Mercedes, donde tiene asiento, es un icono provincial y un refugio de las tradiciones nacionales, durante tres siglos está a un costado del Río Luján, es la última luz en el camino, en el año 2015 una fuerte inundación la dejó bajo agua, cuando parecía que ya no abriría nunca más, su familia se puso la patria al hombro y trabajó todo este tiempo para restaurarla, este sábado 24 de junio abre sus puertas nuevamente y de esta manera, la historia sigue contándose en el eterno mostrador, que acuna las almas solitarias.

La historia de la pulpería es amplia y ancha. Los páginas de los libros nos dicen que ya en 1830 había un puesto que atraía a las carretas dando pastura y agua a los cansados caballos que se le animaban a la tierra incógnita pero que también ofrecía alguna bebida espirituosa a los valientes que llegaban hasta acá. Mercedes en esos años era el monte mismo, el desierto puro, la pampa interminable. Aquel puesto devino por natural decantación en pulpería y ya se hizo conocida antes de nacer. “La Pulpería del Puente”, que hacía referencia al puente que cruza a la otra orilla del Luján, aparece en cientos de libros y descripciones. En 1930 don Domingo Antonio di Catarina la compra, falleciendo en 1959, a partir de allí pasó a las manos de Roberto “Cacho” di Catarina, un hombre que se convirtió en mito, estando en vida y en leyenda, cuando murió en el 2006.

Aída, la hermana de Cacho que nació y se crió en la pulpería tomó la posta junto con su esposo Oscar Pozzi y sus hijas Fernanda y Patricia, este equipo familiar fue quien restauró la pulpería y confirmó que la tradición pulpera es un titulo que se hereda. Ellos atienden desde entonces este templo del sentir criollo. Venerada por una legión, desde siempre ir a Mercedes significó ir en realidad a la Pulpería de Cacho, que es como se la conoció desde la segunda mitad de este siglo. Dentro de sus paredes, que hablan y que oyen, hay infinidad de recuerdos que la convierten en un Museo vivo de la historia bonaerense y argentina. Hay botellas y cuadros que no se han tocado por décadas. Es acaso la única que mantiene inalterable el patrimonio original de una pulpería del siglo XIX. El tiempo acá se ha detenido.

Inumerables han sido los visitantes ilustres que se han acodado en su legendario mostrador. Don Segundo Ramirez solía sentarse a apurar un vino carlón, este gaucho solitario pasó a la historia: Ricardo Güiraldes lo inmortalizó en su sempiterna creación, biblia criolla: “Don Segundo Sombra”, otro que pasó fue Juan Moreira, y el pedido de su captura se exhibe entre los tantos recuerdos históricos que se pueden ver en las estanterías o las sensibles paredes. Tierra de picadas, y de charlas, no falta nunca la guitarra de un paisano que se acerca a darle aliento a la noche. La pulpería fue siempre un refugio para los solitarios que hallaron siempre la compañía bajo estos techos sagrados.

La última inundación del año 2015 fue terrible, nunca antes el agua había entrado con tanta fuerza y permanecido por tantos días. La familia supo que esta no era una crecida normal, de innumerables que debió afrontar esta esquina gaucha. El río Luján, que halaga el paisaje, siempre fue enreverado y de vez en cuando se aluna, pero aquella vez se trató de una morrocotuda crecida. “El caudal del agua borró mucho de lo que había. Desde entonces estamos recuperando cada pequeña cosa que el agua dañó. No es lo mismo arreglar algo moderno que un elemento antiguo. Estamos buscando que todo sea como antes. Queremos preservar todo, porque la pulpería es el legado de Cacho y de nuestra familia, que es chiquita y a veces no podemos hacer todo lo que queremos”, nos contó Fernanda Pozzi, y pudieron. A dos años de aquella inundación, lograron recuperar la pulpería, la luz al fondo del camino se verá nuevamente, como si fuera un faro que ilumina los viejos tiempo que no quieren irse.

Este sábado 24 de Junio, las puertas se abrirán para recibir a los amigos, fieles seguidores y turistas que vienen de todas partes del mundo a conocer la magia y el hechizo de una pulpería de verdad, para disfrutar de una picada fundacional, pedir alguna empanada o esperar paciente la llegada del asado, tomando despreocupadamente un Cinzano medicinal. No todo está perdido, la Pulpería de Cacho está abierta.

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