Por Leo Alvarez Fotos

Pablo Uncos y LA

 

En estos tiempos casi post-post modernos asistimos ya no a la tan mentada caída de las ideologías sino a algo peor: la desidia y el desinterés por estos temas. La cultura rock, si podemos definirla en poco espacio y de manera casi banal, tiene como una de sus vertientes constitutivas la búsqueda de la libertad, el quitarse las ataduras. Sin duda, Sergio Dawi y Semilla Bucciarelli aportaron durante su carrera a esa vertiente desde sus tiempos de músicos del grupo Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. 

Allá por finales de los 90 y principios de 2000,  Dawi  había incursionado también en la perfomance. “Dos saxos dos” se llamó aquella experiencia junto a Damián Ninenson -saxofonista de “Los Twist”. El lugar de presentación en esas oportunidades fue la fábrica recuperada IMPA, en Caballito. Sin embargo, no era algo inédito. Ese dúo ya se había presentado desde mediados de los 80 en el mítico Parakultural.

Años después, el saxo de Dawi vuelve a la perfomance esta vez junto a Semilla Bucciarelli, el histórico bajista del grupo, y se produce otra recuperación. La de la música, las artes plásticas y visuales; el arte como espacio de creación y no de repetición.

Este viaje sonoro y visual que es “Ambos a la vez” nos lleva por el rock, el blues, el jazz y  hasta el carnavalito, en un show que no gana tanto por el virtuosismo musical sino por la fusión de varias disciplinas: música, video, dibujo, loops, interfaces digitales varias y actuación.

La sala Siranush, en Palermo, es acorde al tipo de espectáculo. El toque de discordancia lo da una moza cuando al entregar un vuelto –el flagelo de la gente que come en los shows- trata de esquivar en vano el proyector, que tambalea y se desconecta. Pantalla negra y algunos minutos de desconcierto y el casi enojo de Semilla que pronto fueron matizados por la improvisación de Dawi y la recomposición de la imagen.

Semilla dibuja con su tableta “sobre“ Dawi y toda la escena de manera libre pero sin descolgarse del todo del tema que se propone desde el saxo y los samplers. De pronto aparecen capas sobre capas. Unas  que transparentan videos en la pantalla y otras que se acumulan sin amontonarse en el plano sonoro. Hacia el fondo, algunas veces, aparecen reminiscencias de “Lobo suelto cordero atado”, disco de comienzos de los años 90, que no son suficientes para anclar en la historia sino trazos y flashes de un estilo que cultiva Semilla. Todo termina cuando Dawi baja del escenario a mezclarse con la gente, a tocar cerca y Bucciarelli tiene a su disposición toda la pantalla. La perfomance es completa.

En uno de los mejores temas del show, Dawi alega con voz robótica por una sociedad libre: de tóxicos, de todo. Y quizá eso es lo que recuperan en “Ambos a la vez” esta vuelta -sino para ellos, al menos como mensaje para los espectadores- la libertad de hacer lo que sale del alma y en el momento exacto en que sale del alma.